lunes, 6 de julio de 2020

Reflexión del día de mi 30 cumpleaños (4 de Julio)

Hoy, si los cálculos son correctos, cumplo treinta años, y he de confesar que no he conseguido nada de aquello que dicen que uno tiene que haber forjado antes de entrar en la cuarta década. No tengo coche, no tengo casa, no dispongo de un empleo asalariado y, por lo tanto, no tengo mucho dinero, sólo algunos ahorros gracias a lo que he podido rascarle a la vida con aquello de hacer canciones. No tengo tampoco pareja, y por supuesto, no tengo hijos. El suelo que piso cada día es de arena pura, inconsistente y movediza. Estoy sujeto a la más absoluta y difusa de las incertidumbres.
Creo que, al menos de momento, gozo de buena salud y claro, he compuesto un buen puñado de canciones, quizás más de doscientas, aunque de muchas ya ni siquiera me acuerdo. Pero estas no son cosas que se exijan a mi edad. Lo de la salud es eludible si uno tiene un buen coche, y lo de las canciones… bueno, es bonito quizás, pero si a estas alturas uno no ha conseguido aún “ganarse la vida” con ello, se considera un fracaso y poco más, un entrañable intento por desmarcarse del cuadro convencional.
Personalmente, no sé lo que es el fracaso ni comprendo tampoco el éxito. Para que se den tales cuestiones tienen que existir propósitos, ya sean los que uno mismo se inventa o los que la sociedad impone. Y hay que creérselos, por supuesto. Pero no vayan a pensar que yo vivo sin propósito alguno, es prácticamente inevitable proponerse objetivos. Lo que procuro, aunque a veces no me sea posible, es poner tales propósitos en el lugar que corresponde, lejos de la esencia que nos constituye, lejos del alma. Quizás por eso, dirán algunos, es por lo que fracaso, pero si hay algo que etiquetaría como fracaso sería, por encima de todo, el olvidarse de uno mismo y alejarse de la consciencia de lo que uno significa en el mundo, distanciarse tristemente por la asunción de una serie de roles impuestos, que en el fondo no son más que un juego pasajero.
Sí, claro que de vez en cuando anhelo ciertas cosas. La fuerza no acompaña todos los días con la misma intensidad, y a veces es completamente inexistente. La soledad es lo que más ahoga, es de las cosas más insoportables. Muchas de las cosas que no tengo ahora, alguna vez las tuve, y gocé de cariño y de algunas comodidades, pero cierta energía insólita e intensa me arrastró a dejarlo todo. Anduve un tiempo vagabundeando por ahí, luego aprendí a hacer equilibrismo sobre la línea que separa lo salvaje de lo esencialmente burgués. De vez en cuando tengo esa lúgubre sensación de que la vida conspira en contra de quien intenta saltarse sus pautas, pero acierto pronto a entender que estoy siendo profundamente vanidoso.
No me entiendan mal, me distancio cuanto puedo, por pura precaución, de enaltecer mis deseos, pero eso no quiere decir que rechace lo que la experiencia me ofrece. Estoy abierto a todo lo que pueda llegar.
Soñaba últimamente con comprar un pequeño terreno, construir en él una yurta, una de esas viviendas que levantaban los pueblos nómadas de Asia. Y retirarme ahí con mi guitarra para seguir componiendo canciones. Quizás con suerte, el destino me ofreciera compañía humana, y a lo mejor así tendría con quien compartir los tomates del huerto que rodearía mi hogar. Tal vez, con el tiempo, haría también un jardín y en él, de vez en cuando, daría conciertos al atardecer para todas aquellas personas que quisieran acercarse. Y si no hubiera quien, cantaría para mí y, por supuesto, para los pájaros.
Pero ¿Sabéis qué? No es necesario que se cumplan nuestros sueños, basta únicamente con soñarlos. Las expectativas rara vez se ven satisfechas en la realidad, y lo que creíamos que era una buena idea suele tornarse en algo inconsistente y vacío cuando lo exportamos al plano material. La mayoría de las veces vivimos lo que deseamos vivir cuando estamos soñando con ello y no tanto cuando aparentemente se cumple. Es por eso que trato de aprender a despojarme de la necesidad de esperar a que mis sueños se cumplan, no me importa tanto si se cumplen o no, me interesa por encima de todo aprender a soñarlos con toda la intensidad, como si estuvieran aquí, como si no fueran sueños, y a la par, trato de vivir lo que sucede cuando sucede sin entender que se trata de la consecución de un sueño, porque la comparación anula la fuerza real de la experiencia, porque no existe nada comparable a la esencia de la realidad.
Tengo treinta años y no tengo nada, pero así nací, sin nada. Y así he visto que muere la gente, sin nada, tanto los que tienen mucho como los que no. Lo único que poseo es mi cuerpo y hasta él terminará pudriéndose, lo único que poseo es mi tiempo e incluso él se desvanecerá. Somos efímeros pasajeros, somos simples turistas, nada más, por eso es bueno decidir si uno viaja para hacerse la foto o si está viajando para viajar.

martes, 17 de marzo de 2020

Reflexión número 4

Sabían que el abuelo tenía mucho dinero, enormes tierras y descomunales inmuebles. Prácticamente casi todo el pueblo era suyo. Nunca había querido compartir su riqueza, jamás se le pasó por la cabeza repartir todo aquello entre sus familiares. Pero el abuelo tenía predilección por una de sus múltiples nietas, todos lo sabían, sabían que a ella si que le regalaba constantemente joyas y otros objetos valiosos.
La suma de los bienes del viejo era tan alta, que a su ambiciosa familia se le hacía imposible aceptar que probablemente no cataría ni una sola moneda y que, para colmo, iría todo para la resabida e insoportable niña predilecta. Por eso hubo siempre discretas conversaciones sobre cómo quitarse de en medio al anciano, sin dejar rastro y sin que nadie acabara en la cárcel.
Intuían que el vejestorio no había escrito aún testamento alguno, ya que gozaba de buena salud, así que urgía llevarlo a la tumba cuanto antes. El problema era que nadie se atrevía a dar el paso, que no era suficiente la fuerza de la codicia frente al miedo a que pudiera resultarles todo mal.
Así que cuando comenzaron en China los primeros casos de personas infectadas por el coronavirus, y se dijo aquello de que podía ser mortal sobre todo para los ancianos, la familia Pérez vio una luz al final del túnel, una nueva esperanza. Y hubo entonces unos cuantos primos, algunos tíos y tres o cuatro nietos que decidieron pasar unas breves vacaciones en China, en Wuhan concretamente. Después la buena familia regresó a España, tosiendo y tocándolo todo, y abrazaron felizmente al abuelo, y le besaron como nunca le habían besado, pasaron el día junto a él, demostrándole todo su amor y su cariño.
El abuelo se sintió tan dichoso que al caer la noche decidió reunir a toda la familia y expresó:
“Tenía la idea de hacer pronto un testamento, porque aunque me encuentre bien, ya voy teniendo una edad. Iba a dejarle todo a mi queridísima nieta, a mi María Antonia. Pero después de los gestos de amor recibidos hoy, entiendo que tengo una familia maravillosa, y que lo justo y razonable es que reparta mis bienes entre todos”
A la mañana siguiente el pobre viejo no paraba de toser, y a los pocos días falleció. A la familia Pérez le salió bien la jugada, ahora todos son un poco más ricos. Pero lamentablemente, se encuentran recluidos en sus mansiones al igual que el resto de la gente de este país, sin posibilidad de disfrutar plenamente de su herencia.

lunes, 16 de marzo de 2020

Reflexión número 3

Pasada la moda del último juguete masturbatorio, del que se habló quizás más que del coronavirus, pasada la afición hacia los tejemanejes del gato y aburridos también de su insuperable ternura, comenzamos a preguntarnos qué podría ser entonces lo que nos faltaba ¿Acaso podía existir algo más allá de aquel perfecto artículo vibrante, de aquel pelaje cálido y suave y, por añadidura, de esa inmejorable máquina que llamamos microondas? Otra vez andábamos insatisfechos, reconociéndonos crédulos por haber pensado que lo teníamos todo. Pero de cualquier forma, aunque sacaran algo nuevo, alguna estúpida cosa que volviera a llenarnos de placer instantáneo, no íbamos a poder comprarlo, y cuando acabara esta insólita condena, seguro que esa cosa habría pasado ya de moda.
¿Qué pudo hacer que se viera tan reducido de pronto nuestro interés constante por el placer sexual? ¿Cómo pasó tan rápido a un segundo plano? ¡Si parecía estar siempre en la cúspide de nuestras exigencias y necesidades! ¿De qué manera dejó el gato de paliar de repente nuestro profundo sentimiento de soledad? ¿Y el microondas? ¿Por qué queríamos ahora cocinar pacientemente? ¿Por qué venía bien ahora dedicarse por entero a la cocina y calentar a fuego lento cada mínima porción?
Imagino que hubo quienes ante tanto interrogante, llegaron a una profunda conclusión: Si yo lo tengo todo o eso creo, y de repente todo aquello que era todo ya no es nada, cuando lo tenga todo nuevamente, será otra vez muy pronto aquello nada, así que ahora que observo que algo falta, será que en realidad lo tengo todo. Pues ser quien soy sin ese sentimiento de carencia, es sólo un vago croquis de mí mismo. Un yo que no se oprime tras la idea de que tiene una carencia, no soy yo. El yo definitivamente pleno es el que anhela, si hay otro por ahí que no lo hace, debiera prontamente aproximarse a alguna fábrica de humanos y exigir que se le instale cuanto antes la ambición y la creencia corrosiva de que hay algo que le falta.

domingo, 15 de marzo de 2020

Reflexión número 2

En aquel campo de flores hacía tiempo que ya no crecía casi nada, era una triste ironía seguir llamándolo campo de flores. Las pocas que quedaban parecían tener memoria y conocer bien lo que ocurrió con sus predecesoras, por eso crecían tímidas, casi escondidas, casi sin ganas.
Mas, de repente, algo insólito empezó a fraguarse en el ambiente. No notaban ya el agudo peso del zapato imprudente, no sentían el ignífugo aroma a podredumbre del hollín sobre sus pétalos ni la imparable algarabía de la celeridad humana. De pronto aparentemente, podían dejarse crecer y avisar a la tierra para que sin miedo pariera a unas cuantas hermanas. Y así sucedió felizmente de hecho, y en dos o tres días no daba ninguna vergüenza decir que aquel sitio era un campo de flores, aunque irónicamente, no había delante alma alguna que pudiera expresarlo.
Y creed que enseguida una abeja observó el panorama, y creed que llegó con un buen colectivo a libar todo aquello. Y crecieron más flores, y caía más agua del cielo, y la tierra otra vez concretaba sus ciclos.
Y un buen día acabó aquella ausencia inusitada del género humano. Pero las flores del campo no se vieron sorprendidas, siempre pensaron que las rígidas suelas de los zapatos regresarían. Aunque ingenuas, creyeron que por fin los humanos, al oler su fragancia, al notar aquel aire tan puro y tan nuevo, detendrían su afán por pisar neciamente sus tallos.
Pocos días después del regreso del mono inteligente, aquel campo de flores paso de inmediato a ser un barrizal, un solar sin aliento, un inhóspito trozo de muerte. Y llegó con su espléndida moto un apuesto galán, machacó con sus ruedas los exoesqueletos de las pocas abejas que habían podido aguantar por allí hasta el declive, se bajó de su máquina inerte aplastando un puñado de flores y afirmó, sin mirar realmente el entorno: “Qué hermoso este campo de flores, qué poco apreciaba este bello lugar antes del aislamiento, me alegra sentir que soy libre y que puedo observar, desde un nuevo prisma, lo que el mundo regala”.

sábado, 14 de marzo de 2020

Reflexión número 1

“No se acordaban ya de lo que era el aburrimiento, desacostumbrados al peso de las paredes apretando sus cráneos. No recordaban ya la asfixia, la obligatoriedad de encontrarse en silencio y cara a cara con su propia ansiedad. Redujeron su vida a un puñado de inútiles estímulos y cuando aquellos se les negaron, cuando se les escaparon, cuando no hubo de pronto ni una fresca cerveza ni un mísero partido de fútbol, cuando no hubo de pronto ni una insípida conversación superficial, tuvieron que vérselas con su frenético pensamiento. Procuraron evitarlo con tímidos remedios, pero no existió forma de paliar su sentimiento de vacuidad. La soledad era demasiado aplastante, demasiado profunda, demasiado callada. La inactividad rompía perpendicularmente con la estructura mental que sostenía la creencia de que sus vidas tenían algún tipo de sentido. Y eso que innumerables veces se les llenó la boca de quejas, de críticas sobre la terrible maquinaria que suponía la rueda imparable de la producción y el consumo. Pero ahora empezaban a entender que aquella rueda, que aquel insano bucle existía gracias a su honorable participación y que no habían hecho más que, durante toda su vida, criticar y odiar su propia actividad despojados por ellos mismos de la voluntad de detenerla. Ahora tenían que sentarse frente a su hipocresía y observarla sin apartar la mirada, reconociendo el óxido acumulado en sus absurdas opiniones. Ahora podían sentir la certeza transparente de que el sistema habían sido siempre ellos, cómplices de las conspiraciones, compradores de petróleo en dulce connivencia con la guerra y, por supuesto, empedernidos demandantes de alimentos procesados, orgullosos de sus cerebros de azúcar y plástico.
Ahora, llegado el momento de mirarse, se vieron buscando una esquina, una luz, un lugar donde pudieran perderse y no ser, no sentir. Se vieron rezando por una rutina, un quehacer, un destino. Se vieron sepultados bajo el peso de todas sus necesidades innecesarias y hubieron de aceptar que nunca fue tiempo lo que buscaban, que nunca fue tiempo lo que perdían, que eso era sólo una excusa para justificar ante el mundo su incapacidad de estar quietos, de estar solos, de dejar de hacer cosas, por el miedo irrefrenable a tener que encontrarse con ellos mismos.”

miércoles, 11 de marzo de 2020

COMUNICADO

MALAS NOTICIAS. SE SUSPENDE LA GIRA POR LATINOAMÉRICA.

Tanto el gobierno de Chile como el de Colombia han tomado la decisión de someter a aislamiento a toda persona que llegue de España, un aislamiento de dos semanas para prevenir la expansión del coronavirus. Esta medida afecta de lleno a la gira que tenía organizada, pues justamente mis estancia en Chile iba a ser de dos semanas, de otras dos semanas en Colombia y de otras dos en México. Intuyo que el gobierno de México no tardará tampoco en decretar esa misma medida.

Si en algún momento pudiera encontrar la manera de llegar a alguno de los lugares, procuraría hacerlo, pero mientras tanto y ante la incertidumbre, me veo obligado a suspender todos los conciertos programados.
Ante este inevitable devenir, recae sobre mí un profundo desaliento, así como sé que debe ocurrir sobre todas aquellas queridas personas que estaban esperando mi regreso.

Esta fatídica circunstancia no sólo ataca mi ánimo, también vacía mis bolsillos, ya que todos los pasajes; desde España a Chile, de Chile a Colombia, de Colombia a México y de México a España, ya estaban adquiridos, y la garantía de que ese gasto me sea reembolsado es prácticamente inexistente. Es la cuestión que menos me preocupa, pero tristemente significa que habré de retrasar mi regreso a América hasta que pueda recuperarme.
No obstante, seguiré trabajando para que mi visita se haga realidad lo antes posible.

Tan sólo en Bogotá y en Medellín se estaban vendiendo entradas anticipadas. Quienes hayáis comprado entradas sólo tenéis que poneros en contacto con “La Aldea Arde” o con “El teatro Matacandelas” y os devolverán vuestro dinero.

Dedicaré el tiempo que ahora se me ofrece para seguir creando y compartiendo. Siento profundamente las circunstancias que se están dando, y espero que guarden un significado del que podamos aprender intensamente, confío en ello. Os envío todo mi amor y mi cariño.

Sergio Torres / Paradoxus Luporum

sábado, 28 de diciembre de 2019

La hoguera

Aparté los muebles que ocupaban el escueto espacio de mi cráneo, anduve barriendo los huecos oscuros que siempre se colman de polvo. Después no sabía de qué mejor forma podría volver a instalarlos, pues había además un par de ellos repletos de ideas, absurdos panfletos raídos que ya no me incumben. Así que después de pensarlo un instante agarré con firmeza un martillo y me vi sacudiendo los viejos cajones, las sillas, las mesas, los altos armarios, las estanterías viciadas del peso de tantos trofeos, de tantos fracasos, inerte materia rendida para siempre a la carcoma. 
Cuando hubo un buen cúmulo intacto de astillas, prendí un par de inútiles páginas de algún pensamiento y pude observar como ardía enseguida la estancia completa.  
Sentí mi cabeza atestada de humo, se hacía imposible pensar nada en claro, así que marché de mi mismo y dejé las ventanas abiertas, me dispuse a esperar varios días con cierta esperanza. El mundo se me hizo algo hostil aquel tiempo, andar sin cabeza no es algo que agrade a la gente y no es bueno tampoco mostrarse en exceso, ya que hay quien se asusta y le tapa los ojos corriendo a su niño. Por eso tomé la feliz decisión de largarme al desierto, a un inmenso paraje poblado de dunas gigantes que nada albergaban, tan sólo un silencio impecable y la más absoluta y excelsa de todas las soledades.
Pronto determiné que debía acercarme de nuevo a observar si se había esfumado por fin todo el humo, y así era sin duda. Las finas ventanas seguían abiertas y ya no salía el olor ni siquiera de aquel estropicio. Podía, no obstante, notar un aroma distinto, algo así como a barro y a viento, como a hierba y a lluvia. Corrí sin demora a adentrarme de nuevo en mi cráneo y me vi de repente en un bosque perfecto, un espacio cubierto de vida, de cálidos ríos y nobles montañas.
Aún no sé como pudo nacer todo aquello, pero lo que fuera un minúsculo espacio era ahora un extenso paraje sin límite alguno. Jamás me propuse de nuevo amueblar mi cabeza, si acaso estar loco era aquello, lo estaba. Ya nada importaba. Volvía a ser niño de nuevo.

viernes, 13 de diciembre de 2019

El afilador

El último resquicio de conexión de la urbe con la vibratoria voz del alma, se hallaba sin duda en el oficio obsoleto del afilador. En aquella bicicleta oxidada y aún más, en el místico silbato despidiendo armónicos al aire, arrojando extraños sonidos contra los muros de ladrillo y cemento de los barrios humildes.

Nirvana

Adeptos a la carrera de la iluminación, detrás de la manera correcta de pensar y actuar, creyendo que están en algún tipo de sendero virtuoso, asumiendo la potestad para analizar a todo individuo con el que se topan. Piensan que todo el mundo tiene un problema, que existe algo que nos aparta de la manera ideal de ser, y entonces tratan de ayudarnos, de hacer terapia. Hay quienes les ofrecen alas cuando se colocan bajo ese rancio paternalismo, provocan que estos divinos seres sigan creyendo que han sido tocados por la mano de dios. Escupen la palabra ego y la aplican despectivamente sobre los demás, cuestión que denota paradójicamente su exacerbado egocentrismo. Viven atrapados en el bucle de un delirio de grandeza ante el que permanecen absolutamente ciegos, y que además, es difícil que pueda ser apreciado por sus incrédulos discípulos. No pueden aceptar el miedo como una dimensión emocional intrínseca a la existencia, siempre es un error la oscuridad, siempre el sufrimiento es despreciable, pero luego dicen amar la vida. El tiempo cultural que nos envuelve les obliga a rechazar sutilmente los códigos morales y a vender la idea del bien y del mal como una estructura subjetiva, pero basan realmente sus pasos en leyes inquebrantables y desean fervientemente que sean aplicadas ante todos los seres humanos, ya que si no las perciben como absolutas, no entienden la realidad. Psicólogos, psiquiatras, terapeutas, hippies, profetas, gurús, empresarios de las desgracias ajenas, de las penas, las emociones y las personalidades que se consideran defectuosas. Dejad de vendernos vuestro santo nirvana, ese nuevo dios inalcanzable. Vuestro rol de seres iluminados da excesiva vergüenza. La iluminación es Buda borracho cagando en un centro comercial. Dejadnos llorar, queremos estar locos, sentir rabia, dolor, odio, violencia, rencor, envidia, aburrimiento porque estamos vivos. Esa evolución de consciencia es una mera idea inexistente, otro recurso para mantener ocupada la voluntad, otra religión. No hay camino correcto, no hay una razón colectiva, no hay un punto al que llegar, no hay una manera ideal de ser, no existe ningún mesías. La inteligencia es sólo una palabra que reúne una serie de características ideadas por el ser humano para vanagloriarse de sí mismo. Nuestra perspectiva nos obliga a elaborar juicios y valoraciones respecto a las situaciones que acontecen, pero más allá de nuestra jerarquía mental, el dolor y el placer, el sufrimiento y la felicidad, son exactamente la misma cosa. Si amamos la vida, no podemos rechazar la muerte.

Píxeles

Cada letra que embarca en este rectángulo blanco es una insípida composición de píxeles, una mentira automática que engendra una verdad sistémica. Cada letra es un sonido en la mente, un sonido insignificante y exclusivo. Del caos, de la inverosimilitud inequívocamente inevitable, nace la palabra, y la palabra está sola y sólo si la mira el cerebro adiestrado, fruto de los milenios fugaces, puede entreverse algo que evoca, pero que no es en sí misma. Y no siempre evoca lo mismo para todo individuo, pero hemos llegado al consenso de que está bien engañarse ligeramente para creer que nos entendemos, es la única manera de entendernos.
De la palabra se deriva la oración, y si había quizás quienes sentían la palabra de un mismo modo, ni por asomo puede haber ya quienes entiendan la oración de igual forma. En la oración no existe significado, en la oración no hay nada, es un garabato en el rectángulo blanco, una concatenación de sonidos en la mente, es la unión de ruidos diminutos que se estiran en su tiempo particular, en su ínfima existencia. Lo que tenemos es una aparentemente férrea estructura consolidada que relaciona lo conocido con lo desconocido, lo experimentado con lo imaginado, y desde ahí ofrecemos una especie de común sentido a la oración, a la palabra, a la letra. Pero regresa a ser de nuevo una preciosa mentira, un sistema virtual, un instinto de supervivencia, algo así como respirar, pero sin respirar, únicamente imaginando que se respira, y consiguiendo en esa fantasía, en ese delirio... que mágicamente el oxígeno llegue a los pulmones, que insólitamente los píxeles se adhieran al espíritu, que drásticamente seamos simples emociones.

Darnos cuenta

A la hoguera con el manual del buen comportamiento, a la hoguera con la lista de los hábitos saludables. Al fuego con los protocolos, la rutina, la perfección y el camino correcto. Tu luz está en el interior del espeso mejunje de una mierda de perro. Al fuego con el DSM-5, vamos a mirarnos a los ojos y podremos observar que en todo caso el problema viene del miedo de los que están adaptados a quienes no lo están. De ellos nacen las pautas de corrección, el buen hacer, el ser divino. De ellos nace la necesidad de establecer una barra de medir, una escala para comprimir el mundo, para ordenar el caos de esta naturaleza inabarcable y evitar su propio colapso mental. No hay vía de perfección, todo éxito, todo logro que pienses que has alcanzado, es sólo eso; un pensamiento, una creencia, y, por tanto, un fracaso. El hecho de creer que existe una meta y pensar que se está cerca de esa meta, es lo que más nos aleja de esa supuesta idea divina que pretendemos alcanzar. No puedes trabajarte nada, no eres auto-educable, sólo eres “auto-reprimible”, y he de recordarte que lo reprimido explota, y que antes de que explote, lo que permanece escondido, simplemente está escondido, no erradicado. Únicamente podemos darnos cuenta, darnos cuenta, darnos cuenta, darnos cuenta, darnos cuenta, darnos cuenta, darnos cuenta (de que somos demasiado humanos).

Recapitulemos

Recapitulemos… Estaba aquí entonces ahora porque hube de estar en otro lugar antes ¿O es acaso innecesario que estuviera en algún lado? ¿Aparecí de la nada? En tal caso, la nada fragua “algos”, cosas que son. Pero en ese sentido… en la nada tendría que haber una fábrica, y si hubiera una fábrica, habría algo, por lo que realmente no sería la nada ¿Y si la nada fuera entonces algo? ¿Y si todas las cosas que son, fueran finalmente en sí mismas la nada? Es más… ¿Y si no existiera diferencia alguna entre la nada y las cosas? Sería como si fuera lo mismo estar vivo que muerto, aparecer que desaparecer, haber estado que no haber sido ¿Y si todo lo que existe fuera a la vez inexistente, y si fuera un proceso inevitablemente instintivo el hecho de concebir de manera dual cada mínima parte de lo que creemos que existe?

Aún viviendo

Aún viviendo, vivo. Aún viviendo siento que no estoy preparado para la vida, para observar con sanos ojos el círculo de contradicciones que nos depara el destino; lo que uno quiere y lo que uno cree que no quiere o lo que uno cree que no debería querer. Aún viviendo, muero. Muero porque no tomo ninguna elección, porque se escogen ellas mismas y hacen de mi estéril voluntad una tétrica marioneta. Cierro los ojos y no sé ya si existe el miedo, al igual que no sé si existe la libertad. Lejos de la necesidad de seguir demostrando algún tipo de poder a los demás, lejos de preservar la imagen pura y digna que otros puedan tener de mi persona, yazgo en un manto de hojas en otoño mientras viven palpitando primaveras en mi pecho.

Más allá

Más allá del continuo intento por estar todos de acuerdo, más allá de la persecución reiterada del olor a consenso, más allá de la imagen ridícula que nos convence de que la realidad se encuentra en un estado determinado, con un carácter concreto que es (hay quienes piensan) una parte natural del supuesto tiempo que nos toca. Más allá, mucho o quizás sólo un poco más allá; no hay nada, pero nada de nada. Y es preciosa ella, porque lejos de lo que la mayoría pensamos, cuando la miras directamente a los ojos, todo empieza a tener importancia, pero esta vez es cierto. No hace falta decirse que a uno le hacen falta valores, que a uno le hacen falta una serie de dogmas al menos básicos para encontrar el sentido de su propia vida. No le hace ninguna falta a uno inventarse cosas en las que creer ni obligarse después a creerlas, no le hace falta a uno apoyar su vida en sus propios esquemas de cartón. Cuando uno mira a los ojos a la nada, se siente obligado a sincerarse consigo mismo, y descubre porqué creía en lo que quería creer, y porqué hacía realmente todas las cosas que quería hacer aparentemente desde lo más profundo de su voluntad. Uno observa entonces que casi todo es fruto del miedo a la nada, por eso cuando uno mira, y pierde el miedo, uno se ve a sí mismo, desnudo. Y cesa paulatinamente la actividad frenética que nos caracteriza. Uno entiende, uno abraza y comprende, no necesita nada más. Uno agradece y sabe por fin vivir.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Sabiduría

A mí me interesa la sabiduría, no tanto el conocimiento. A mí me interesa el aprendizaje, no tanto la memoria. Saber es ser, impregnarse de, adherirse a, abrazarse con, sin preocuparse en absoluto de la utilidad. La etiqueta memorizada, el conocimiento, es fácil que nos arrastre a la magnificación de la separación, a la desatención, a entender que existe objeto diferente y fuera de uno mismo, y, por tanto, a perseguir el uso, la utilización para el supuesto beneficio personal. Beneficio que se apoya y se construye sobre la idea de que lo positivo es siempre lo que se acerca al placer o al estado de buena salud.
La sabiduría es sentir, es conectarse con el roble, y no tanto conocer que un roble es un roble. El roble no sabe que es un roble, el roble sólo es. Sólo podremos saber, sólo podremos ser, cuando olvidemos el árbol, cuando seamos él. La vida careció eternamente de lenguaje, no hay denominaciones. El juego del conocimiento es un engaño humano, una herramienta creada con la paradójica meta de estructurar el mundo, que finalmente nos ha llevado al completo despiste. Las bases de datos son para las computadoras. La sabiduría reside únicamente en el corazón. Estudiar es amar, no existe otra manera.

sábado, 12 de enero de 2019

Yo soy

Me ha costado demasiado saber quien soy, tanto me ha costado que no querría olvidarlo, me disgustaría en exceso que vinieras aquí para cuestionar la conclusión absoluta que finalmente me define. Me ha llevado largos años tener en cuenta los factores ineludibles que me convierten en lo que significo. Sería horrible que hubieras aparecido a mi lado para derribar los principios sólidos que me constituyen. Y es eso ¿No? Has venido ha destrozar la imagen que había construido paulatinamente, quieres hacerme consciente de lo que sé desde el principio, quieres que acepte que no sé quien soy, sin reservas. Quieres que sepa que soy quien no sabe quien es, quieres que sepa que para saber quien soy tengo que saber que no sé quien soy, y que en el momento que me diga que sé quien soy, estaré dejando de ser ¿Y tú? ¿Acaso eres alguien? ¿Quién eres tú?

sábado, 29 de diciembre de 2018

Estar sin ser

¿No es una pérdida de tiempo estar sin ser? ¿Por qué gastar tanta energía en hacer lo que sea que se haga si se hace sin ser? ¿Hay acaso algo que merezca ser vivido si no se experimenta con toda la fuerza pasional que debiera conllevar estar vivo? ¿En qué momento habríamos de dejar de estar enamorados? ¿Tiene sentido seguir caminando, seguir hablando, seguir sintiendo sin estar completamente enamorados y entregados? No comprendo la vida sin el desbordamiento incontrolado de energía en cada acto, hasta la saciedad, hasta la extenuación. Cuando no percibo que mi corazón danza frenético, cuando no me observo con lanza y escudo frente a los molinos de viento, dejo de comprender la razón de mi andadura y siento en la lontananza, en los confines de mi alma, al caballero de la blanca luna acercándose veloz para arrojarme ¿Existe realmente algún fundamento sólido para justificar nuestra vida más allá de la necesidad innata de estar locos de amor?

Mis ojos

Observo mi propio desorden, la confusión que de vez en cuando me invade, y recojo mis creencias, las achico un poco, luego las estiro. También las expando como inflaría un globo y si me canso las suelto y espero a que algún niño las explote con su mirada. Observo mi propia danza, trato de verificar si está motivada por alguna quimera, por alguna utopía, y en ese caso, descanso. Algunos a esta pausa la llamarían revolución, es una especie de muerte sutil, pero es apenas perceptible. Si la utopía no es ahora, no la quiero. Mi danza no es un sueño, es una danza, la vida no se puede vivir esperando a ser vivida, la única revolución es aprender a vivir la vida que se está viviendo. Así que tras la pausa comienzo a bailar de nuevo, y esta vez el baile tiene como cometido bailar. Sólo saben llorar quienes comprenden esto, quienes observan. Mis ojos son negros.

Si tú quieres

Yo, si tú quieres, ya no te digo nada más, y te doy la razón en eso de que no hay nadie tan sumido en la desgracia como tú. Yo, si tú quieres, me mantengo en silencio para que no imagines que cada palabra mía trata de competir con tu voz. Yo, si tú quieres, me marcho y te dejo a solas con tu pensamiento. Pero en el fondo sabes que no quieres que me vaya, que quieres que siga hablando contigo y destruir el bucle en el que nos hemos sumergido, y sabes también que la única desgracia que te aflige es el hecho de pensar que tienes siempre mala suerte. Ese pensamiento es el que causa finalmente que me calle, que me vaya y que te quedes, tristemente, bajo el enredo de tus elucubraciones.

Aprender

El día que entendí que nada era lo que parecía ser, tomé la decisión de olvidar todo lo que había aprendido. Y dejé tranquilamente de seguir sabiendo las cosas que creía saber, pues sentí que lo que se tiene por sabido es finalmente lo que menos se conoce, y pensé que en lo que se cree conocer no se indaga porque uno asume que ya no tiene misterio.
Hoy procuro aprender olvidando lo que aprendo, hoy prefiero escuchar mucho más que ser escuchado, y prefiero mirar antes que ser observado. Querría ser eterno alumno de la vida, jamás su mentor. Compañero inseparable de la inocencia y de la perplejidad.

Desperté

Desperté en un planeta donde no valía la pena arrepentirse de nada, donde el pasado era incambiable porque ni siquiera existía. Desperté en un planeta que giraba gracias a la ilusión de sus habitantes, a la creencia firme de que existen los giros y la diferencia entre moverse o estar quieto. Desperté en un planeta donde el motor de la vida era el amor, y donde, casi sin saberlo, todos los actos de los seres que lo habitaban se producían con el fin de entregarse. Luego regresé a dormir y cuando desperté de nuevo, ya no estaba en aquel planeta, aunque he de reconocer que por momentos tengo ciertos atisbos esporádicos de imágenes de los lugares de aquel mundo. Quizás me encuentre allí todavía, puede que nunca hubiera despertado en un lugar diferente al mismo de siempre, puede que simplemente haya olvidado donde estoy.

Breve carta de amor al amor

Si te escribo a ti de veras, has de pensar que soy absurdo y que escribo sin saber a lo que escribo. No niego tu razón, pero interpreto que esta carta podría servirme de algo, aunque… sé que vas a cuestionar la consistencia de la utilidad, hasta de la propia palabra en sí, su naturaleza humana. A pesar de todo, y aunque no vaya a ser mi texto la mejor concatenación de conceptos, tengo el profundo deseo de escribirte, seas o no de este mundo, pues nada hay ahora que pueda impedírmelo.
Nunca he llegado a conocerte, pero poseo la ilógica certeza de que tú has venido a visitarme muchas veces, de que incluso me rodeas en cada uno de los instantes de mi súbita existencia. Sé que estás en los segundos inconclusos del tiempo futuro, que estás ahora también en el pasado que sucede, que es el presente. Te he rozado con mis alas de fuego, he procurado abrazarte, pero siempre me despisto. Reconozco también que sé que no deben de gustarte demasiado las palabras, y que quizás te estoy pues atosigando ¿Sería mejor entonces que te dedicara una pintura? ¿Una melodía tal vez? Supongo que no hay nada que necesites, así que puedo imaginar que no te importa lo que haga o deje de hacer por ti. Siento no poder evitar pensarte…
Y seguro que es por pensarte por lo que no te comprendo, porque juegas con esa contradicción ¿Cierto? Quien se ciega con la obsesión de la búsqueda, te ambiciona y tú no puedes mezclarte con el anhelo, así que jamás te muestras ante tales sentimientos ¿Es posible que te quedes cerca? ¿Observando? Creo que nunca te vas de ningún lado y que a veces eres incluso las cosas que creemos que no puedes ser, ya que los cuerpos somos pura perspectiva. Hasta la ineptitud y sus podridos frutos penden de tus ramas, pero… No sabemos observar el árbol, pero… hasta la ineptitud y sus podridos frutos penden de tus ramas.

¡Vamos a lavarnos la cara!

Venga, vamos a lavarnos la cara, a quitarnos las rayas pintadas en la comisura de los labios. Vamos a olvidar que no entendimos la tormenta de la gente, que no dimos tiempo al prójimo para que saliera de la boca del lobo. Vamos a obviar que dimos vacuos discursos sobre la felicidad, que nos sirvieron para ganar adeptos y, a la vez, para hundir en la incomprensión absoluta a quienes no tuvieron tiempo de dar dos vueltas de tuerca más a sus sentimientos ¿Quienes somos ahora? ¿Es justo que reparemos nuestra máscara insulsa? Parece que todo lo que dijimos ya no importa, que la contradicción es legítima y… quizá sí, quizás lo sea, pero al menos… debería servir para que dejemos de escupir estupideces.
Malditos seres de luz… Que poco entendéis de penas, de agonizantes dolores, que poco habéis sido capaces de enfrentaros a vuestros terremotos internos, y cómo los habéis ocultado con ese ridículo complejo de superioridad espiritual. Malditos “Budas”, vomitivos charlatanes, arrogantes embaucadores incapaces de asumir su propia incoherencia cuando esta llega como un jarro de agua fría. Tened al menos el valor de reconocer vuestra propia farsa, no vengáis a vendernos ahora una nueva filosofía que incluya la tristeza (la vuestra únicamente claro) como una cuestión digna y valorable ¡No! ¡Bailad ahora! ¡Todo es producto de vuestra mente! ¡Bailad mientras se pudren vuestras almas!

martes, 6 de noviembre de 2018

Condensación (Cuento)

Tiritan las tiernas lágrimas de la mañana con el tímido roce de la brisa congelada, sus cuerpos inestables se deslizan por los tallos de las plantas que cuelgan en los balcones. Hay hojas que se desprenden y planean pasando desapercibidas sobre nuestras cabezas, llevando a veces aún el brillo de alguna de aquellas gotas. La tenue luz del sol de invierno se divierte atravesando su forma para multiplicar la magia que desatan, algo de lo que también rara vez nos damos cuenta. Aunque creo que la magia es anterior a la consciencia, así que importan poco nuestros ojos.
Crecen a empujones los tallos amarillos entre los adoquines, informan al cemento sutilmente de lo efímero de su presencia y por la noche le recuerdan que la tierra a veces grita, que ha llegado muchas veces a crear inmensas brechas donde ahora crecen árboles preciosos dócilmente.
Se yergue un muro de neblina en el ocaso del corredor urbano, no es para el amanecer impedimento alguno el despliegue cúbico del laberinto humano, y es capaz de inmiscuirse incluso en los asuntos de los pies que aún siguen apurando los últimos minutos de calor bajo las sábanas.   
Hay un pequeño cuenco de madera que contiene un manojo de llaves, tus fríos dedos eligen las que pueden arrancar el automóvil, y esa estructura producto del ingenio que no es más que la combinación minuciosa y estratégica de minerales, ruge cual si fuera un animal salvaje. La putrefacción de los organismos complejos que habitaron el pasado del planeta, ofrece movimiento a esta sólida figura que adquiere su estética por medio del fuego y la posterior exposición a la temperatura ambiente. Así son todas las formas en esencia, una consecuencia del enfriamiento.
Es probable que se adentre en ti la idea de que el cielo está poblado densamente por los químicos que surgen del petróleo, y que, por tanto, la vida en este globo se está viendo amenazada bruscamente. Pero todo cuanto existe se entrelaza y se dispone de una forma que sortea sin fatiga el raciocinio colectivo. La vida es un sistema más complejo que esa unión de innumerables conclusiones ideológicas humanas. El miedo que sufrimos viene dado por el hecho de saber que es nuestra vida únicamente la que está bajo amenaza, ya que, de lo contrario, nos veríamos confusos y obligados a asumir la ecología como un dogma que supera el impasible egocentrismo.
Tu pensamiento nubla los semáforos en rojo, en las pausas se aglomeran inequívocas punzadas en el vientre. A estas alturas ya no sabes si sentirse responsable tiene algún significado, a estas alturas corroboras que asumirnos bajo culpa nos arrastra únicamente hacia el dolor, y que apuntar con nuestro dedo hacia la muchedumbre ajena puede ser satisfactorio unos instantes, pero es otra estratagema finalmente para no sentirnos vacuos. Y piensas en lo hermoso que sería no pensar, y en vez de no pensar sigues pensando que la vida es deliciosa cuando viene desgajada, exenta de estadísticas, análisis y juicios. Pero atiendes y comprendes que no sabes si eso es cierto porque apenas sabes ya si hay algo cierto y además no eres capaz de describir lo delicioso ni lo bello ¿Pero acaso es necesario describirlo? Quizás no para ti, pero sí para ti misma. Sí, parece que haya dos o más dentro de ti, al menos dos seguro. Aquella que eres tú, que se dirige hacia sí misma sin obstáculo y construye la existencia más allá de la exigencia de añadir valoraciones, y aquella que no cesa de emitir largos discursos y parece reprimir los movimientos espontáneos que  proceden de tu pecho.
La noche se abalanza de repente sobre el orden, la claridad se ahoga en las esquinas de tu cuarto y es difícil dedicarle una sonrisa a aquel incómodo rayajo que ilumina levemente tus mejillas. Brota el último bostezo y se mezcla con la mueca de tristeza que al final ha conseguido establecerse en tu semblante. Antes de dormirte hay unas lágrimas que caen sobre tu almohada, el aire caliente que aún perdura las termina recogiendo. Pronto estará la mañana de nuevo exigiendo su turno y el aire se habrá enfriado, dejará tus lágrimas probablemente sobre cualquiera de aquellas hojas que caerán desde alguna maceta justo en el mismo instante en el que te encuentres caminando hacia el automóvil. Si esta vez miras al cielo, verás al fin cómo la luz se regocija en el rocío, en tus lágrimas nocturnas. Entonces no hará falta que describas la belleza ni buscar explicación a la evidencia de que la armonía nace cuando vemos el abrazo que los polos aparentemente opuestos se están dando. Entonces no hará falta que no pienses, porque un hálito de paz irá contigo a cualquier parte siendo siempre inquebrantable frente a todo lo que pueda suceder y ante todo lo que traiga el pensamiento.

Paradoxus Luporum

miércoles, 17 de octubre de 2018

La apariencia del odio

La apariencia de fuerza que desata el odio en los espíritus débiles suele llegar con mayor intensidad que la información verídica. Cegados por la apetencia brutal de que “los otros” sufran, muchos seres humanos rechazan las evidencias y esperan cómodos a observar como las cabezas ruedan para posteriormente sacudirse los hombros y desprenderse de ese vago sentimiento de culpabilidad en el que nunca indagaron.
Los esfuerzos de la lógica por establecerse en la mentalidad colectiva con el fin de prescindir de ciertas decisiones que siempre han llevado al sufrimiento, son completamente vanos. El individuo construido a través de la inquina acierta a entender el dolor ajeno y la venganza como las únicas expresiones humanas que traen sentimientos sublimes.
Para transformar esa fragilidad, para demostrar que existe un mundo desmesurado de paz interna que dista notoriamente de aquellos sentimientos de animadversión, debemos ofrecer y ofrecernos certeros golpes de cariño y constante ternura. Es la única manera de ver con claridad la verdadera esencia que nos constituye, esencia que una vez reconocida nos invita insistente a prescindir de toda la vanidad que hemos cultivado. De poco o nada sirven la queja y los discursos grandilocuentes cuando no despertamos la infinitud incomparable del ser que escondemos bajo la oxidada llave de la superficialidad.

martes, 17 de abril de 2018

¿El sentido de la vida?

Voy a aprovechar la soledad para atornillar las patas de la tabla sobre la que bailamos, esa que de tanto en cuanto se tambalea. Lo más probable es que a pesar de apretar los tornillos, vuelva a tambalearse de nuevo tarde o temprano, puesto que el baile no cesa y es vívido e intenso. Pero tengo una caja llena de herramientas y construir siempre ha sido una gran motivación para mí. Así que cada vez que parezca que la tabla está a punto de quebrarse, llegaré con mis manos y mi tiempo para reconstruirla y que sigamos salvajes danzando.
En realidad no nos conocemos, nunca hemos llegado a ese punto o, quizá, debería aclarar que no creo que ese punto exista, el de conocerse digo, porque ¿Qué es conocerse? ¿Qué es conocer a alguien? Si conocernos es aprender nuestros nombres, recordar nuestros gustos, nuestras incomodidades, saber lo que decimos que somos y actuar en base a los principios inamovibles que aceptamos como detalles inflexibles de nuestra personalidad, entonces podría decir que nos conocemos, pero ¿De qué nos sirve alimentarnos de toda esa información superficial cuando es un hecho que es una información falsa basada en acciones completamente volubles en el tiempo y el espacio? Aunque rechacemos y reprimamos intelectualmente su volubilidad, las características que definen lo que llamamos nuestra personalidad, nunca han sido permanentes, nunca han existido.
Si dijera que te conozco, deberías probablemente tomarlo como un insulto, como una subestimación. Cuando decimos que nos conocemos estamos simplemente encuadrando la imagen de una persona en la estructura de un segmento temporal imaginado en el que añadimos experiencias acontecidas en el pasado completamente manipuladas por el pensamiento actual de lo que recordamos que ocurrió. Con toda esa información imaginada optamos por un patrón de comportamiento frente a la persona “conocida” que creemos que se adapta mejor a ella y a nosotros mismos. Ideamos un perfil como en un videojuego y el hecho de que la persona “conocida” acepte el perfil que le implantamos, facilita la asimilación de la creencia del conocimiento de su personalidad y anula en ella las posibilidades de crecimiento y desarrollo pleno de su existencia y también la posibilidad de que nosotros podamos indagar verdaderamente en el conocimiento profundo y la comprensión real de su esencia.
Conocer a alguien es, aunque nos resulte paradójico, aceptar primeramente que nos es imposible conocerle. Nos guste o no, no somos lo que hicimos ni lo que haremos, y sería arriesgado decir que somos lo que hacemos porque para definir nuestra personalidad desde la descripción de los actos que acometemos en el presente, necesitamos estructurar con palabras dichos actos, los cuales son efímeros, temporales. La descripción de los actos es una mera construcción de etiquetas. Así que, en definitiva, no somos absolutamente nada.
Creemos fervientemente que somos fruto de nuestro pasado, lo cual indica que no nos conocemos a nosotros mismos. Ofrecemos gran facilidad para que nos enmarquen en la pared del pensamiento ajeno porque nosotros mismos nos enmarcamos en la pared de nuestro propio pensamiento. Y hacemos esto porque tenemos miedo a asumir que no somos nada, creemos que la asimilación de dicha cuestión podría traernos un profundo vacío emocional.
Es probable que así sea, es bastante probable. Durante toda nuestra vida hemos actuado en base a un patrón de conducta condicionado por las características adquiridas que supuestamente definían nuestra personalidad. Toda nuestra existencia se sostiene en la idea de que somos algo separado, ajeno al resto de la materia viva o muerta y de las formas que percibimos. Supone una carga de responsabilidad total el hecho de aceptar que podemos ser aquello que queramos . El tiempo sólo sucede en la mente. En la realidad somos instantes, y dilucidar esa realidad puede ser algo semejante a la muerte, nuestro afán de supervivencia se manifiesta confuso y no permite que exploremos esta vía. Pero si abrazáramos con entereza la sensación que trae la toma de consciencia del “no-tiempo”, la toma de consciencia de que no somos nada definitivo, nada determinado, querríamos morir en este sentido para dejarnos embaucar por la vida, para practicar la libertad en su profundo y verdadero significado.
Sólo imagina ser lo que quieres ser, toma de lo que existe lo que quieras tener, la arquitectura del instante y el espacio se ofrecen para desarrollar tu creatividad.
Lo que somos en esencia escapa al control analítico del ser humano. No somos tiempo, no somos las cosas que poseemos. Somos el continuo desarrollo de nosotros mismos fuera de la importancia dada por el pensamiento al sinsentido y al sentido. Somos únicamente momento, fugacidad, instante, amor creativo.

sábado, 10 de marzo de 2018

Hipocresía

¿Puedo despotricar un poco sobre aquello que llamamos sociedad? ¿Puedo, más bien, generalizar un poco? Soy consciente de que esto podría ser también una crítica contra mí mismo. De hecho, puede que dé lugar a que una parte de mí se ponga al descubierto, puede que dé lugar a que se manifieste algo que podría ser utilizado en mi contra, o a mi favor. Pero, sea como sea, algo me incita a desahogarme, y es probable que en esa necesidad se encuentre la raíz de mi desasosiego. Aún así voy a hablar, quiero hablar, no quiero dejarme nada adentro.
Es inverosímil que diga esto, altamente incoherente, injusto también, pero es así… Estoy harto de la hipocresía humana, o al menos de lo que yo interpreto como hipocresía o de la hipocresía que alcanzo a interpretar. No puedo comprender el proceso por el que se forja una mayoría concreta en las sociedades humanas que asume una serie de comportamientos crónicos y los reproduce continuamente sin ningún tipo de cuestionamiento. No comprendo porqué rechazamos nuestra propia vida, nuestra salud y nuestro tiempo en pro de cumplir con las expectativas imaginarias de aquella ilusión que llamamos sociedad ¿En qué momento comenzamos a perder el interés por nosotros mismos?
Pretendemos que las cosas cambien, que el mundo sea un espacio más cómodo en el que vivir, más digno y más justo, y nuestras viviendas son espacios cuadriculados metidos en cajoneras gigantes de hormigón, están además casi todas amuebladas de una manera semejante, todo está distribuido más o menos de la misma forma, no queremos usar la imaginación, no hay tiempo para el ingenio ni la inventiva, no hay tiempo para explorar nuestro propio sentido estético, no hay espacio para la particularidad, es más rápido comprar lo que ya está diseñado para cubrir esas necesidades creadas por los vendedores de necesidades ¿Acaso el mundo, el día a día, la ciudad, la realidad en la que nos desenvolvemos cotidianamente va a cambiar de un momento a otro porque sí? ¿No constituye plenamente cada individuo con su comportamiento esa realidad que a la vez detesta? ¿Se puede cambiar el mundo sin espacio para el ingenio, para la imaginación, para la particularidad? Todos hemos asimilado el maravilloso autoengaño del dinero y del trabajo asalariado, da miedo escapar de ese bucle, y lo justificamos porque nadie quiere sentirse inseguro o reconocer que su vida no es aquella que le gustaría estar viviendo. La asunción de la entrada en la rueda de producción y consumo como algo inevitable, se interpreta mayoritariamente como un signo de madurez, pero no deja de ser una estrategia más de nuestras propias mentes para que la moral de la sociedad no decaiga. Regreso a decir que pretendemos cambiar el mundo, pero pasamos la semana sumidos en una actividad frenética cuyos resultados terminan siendo insulsos, cuyos frutos sólo sirven para perpetuar la dinámica que permite que el mundo siga siendo tal y como es, y entonces, esos aspectos de la realidad que consideramos positivos, a pesar de ser contradictorios con la idea del cambio, los justificamos porque fundamentan la necesidad de nuestra actividad, de esa forma creemos que lo que hacemos sirve para algo y continuamos conservando las cosas como están.
Es paradójico, la actividad frenética humana paraliza la consecución de una realidad coherente con la vida ¿A dónde va a parar entonces tanta energía? Gira siempre en el mismo sentido, reproduciendo roles, dinámicas, estructuras, dejando que las cosas sigan estando como siempre han estado ¿Por qué? Porque en el fondo, y no tan al fondo, tenemos miedo. Nos da pavor imaginar lo que podría ocurrir si dejáramos de hacer de un momento a otro lo que estamos haciendo, lo que nos obligamos a hacer ¿Qué sería de esta sociedad si el fin de semana que viene no se emborrachara nadie? ¿Qué sería de los bares? ¿Qué demonios estaría entonces haciendo la gente? ¿Madrugar el domingo? ¿Para qué? El mundo es un mundo sin renovación, un cenagal estancado que mueve sus aguas únicamente por una tubería oxidada que devuelve todo al mismo charco inmóvil. Ese mundo lo constituimos tú y yo, somos nosotros los que procuramos que el lunes que viene podamos seguir madrugando para ir a trabajar, intentamos que toda la semana se vea cubierta por una actividad remunerada y nos aseguramos de que el fin de semana tengamos dinero para gastarlo rápidamente antes de que llegue de nuevo el lunes ¡Asumamos de una vez que somos aquello que llamamos “sistema”! El sistema es una mera creencia, se sostiene gracias a la asimilación mental de que las estructuras ideológicas permanecen, de que nada puede cambiarse ni alterarse. Si nos sintiéramos responsables de las causas que generan nuestras propias quejas, empezaríamos a transformar la realidad.
Veo la salida en la pérdida definitiva del miedo, en el placer por desconocer lo que puede llegar a ocurrir. Veo la destrucción del bucle en la observación enamorada hacia los pequeños detalles de la existencia desechando las preocupaciones que genera la incertidumbre. Entiendo la verdad como un estado que nos envuelve cuando se apaga la falsa necesidad por los estímulos superfluos y percibimos el continuo suceder como el mayor deleite, como una magia impecable imposible de sustituir por las ideas. Creo que la libertad empieza cuando asumimos nuestra participación y responsabilidad dentro del círculo de sufrimiento y muerte que hemos sostenido y cuando tratamos la relación entre unos y otros desde una perspectiva fuera de todo prejuicio, fuera de toda etiqueta y expectativa. Y, mal que me pese, no veo absolutamente nada de esto en la sociedad moderna, no veo absolutamente nada de esto en el afán individual, y ni siquiera veo absolutamente nada de esto en mi propia persona.

Pasajero

Me gusta despertarme con la convicción de que todo es pasajero, y entender que aquello que parece quedarse, aquello que se muestra inamovible como una roca, es sólo una ilusión. Me gusta darme cuenta de que pretendo establecer un lugar para los objetos, para las personas. Me gusta saber que intento que las cosas estén en su sitio y a la vez reconocer que las cosas no tienen sitio, que las cosas están nada más donde están, y que las personas no son de un lugar o de otro, que no tienen país ni cultura, que no tienen ideas, que no son nada. En todo caso, los países, las culturas, las ideas, tienen a las personas, no son, no existen sin las personas. Las personas son únicamente cuerpos que rechazan la vida, trozos de carne y de hueso que se desplazan frenéticamente de un lado a otro con el convencimiento de que lo hacen por algún motivo trascendental.
Y aún así, me gusta ser persona, ser consciente de que soy persona entre personas que rechazan la vida, porque he de partir desde la honestidad conmigo mismo. Es la única manera de abandonar el videojuego y abrazar la libertad. Me gusta enredarme en el pensamiento de que nada me sale bien ¿De qué otra manera podría darme cuenta de mis propias mentiras? ¿Cómo percibo entonces que soy otro juez más en esta realidad ofrecida?
Me gusta desmenuzar mis propias convicciones, como la convicción de que me gusta despertarme con la convicción de que todo es pasajero.
No, quizá no, quizá prefiera imaginar que todo está quieto, que nada se va a marchar, que nada va a cambiar, que cada nuevo minuto que empieza es exactamente igual que el minuto que acaba de terminar. Puede que prefiera aferrarme a las cosas que tengo, al espacio en el que suelo vivir, a las personas que creo que confían en mí y que considero cercanas. Puede que me guste  más observar el río en una foto, así puedo interpretar el movimiento exacto del agua (aunque no se mueva), puedo medir la longitud de sus arterias, la anchura, la altitud y el caudal, y así comprender mejor la actividad del río (aunque no esté activo, aunque sea una foto). Y después puedo imaginar lo que harán las aguas del río, como se comportarán, y así anticiparme a todos los problemas que puedan surgir más adelante.
Con mi balsa amarrada a un árbol, flotando sobre el río, mirando la foto del río, podría quizá, pasarme la vida entera estudiando sus aguas y no emprender nunca la navegación. Tal vez, más adelante, podría creer que es lo mismo que el agua pase por debajo de mi balsa amarrada a que flote sin amarres sobre el continuo movimiento del río. Tal vez, más adelante, podría creer que es lo mismo que la vida pase por delante de mis ojos que flotar sin amarres sobre el continuo movimiento de la vida.  
Me gusta despertarme con la convicción de que todo es pasajero, y entender que aquello que parece quedarse, aquello que se muestra inamovible como una roca, es sólo una ilusión.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Pétalos

Viniste azotando las nubes con tu abanico de plumas, sometiendo a la tormenta al escuálido cuerpo del poeta inacabado, enviada tal vez por las musas de antaño que agonizaban de pena porque no se las nombraba ya al comienzo de las palabras sentidas. Y así con la parsimonia que caracteriza a cualquier mano bañada en la miel de la delicadeza, agarraste las cadenas sólidas que conformaban mis intestinos y vimos juntos al acero enmudecer entre el espeso llanto que derramaban tus dedos. En aquel hueco antes inaccesible se generó el vacío, una especie de patio interior de alguna barriada abandonada, un cubículo sin cuerdas para tender al menos la historia reciente de tus bragas o mis calcetines. Un vacío, una pista de hielo para que bailaras descalza, para que dejaras tus huellas, tus estelas, tus pasos mal dados, tus giros perfectos y tus ridículas caídas. Mis ojos desde el cielo te observaban, mi boca desde alguna ventana sonreía y mi nariz probablemente se deleitaba con el olor pecaminoso de tu sudor constante. Nunca pensé que llegarías a descubrir aquella ventana fría en la que posaba mis labios mientras danzabas en mi vientre obsoleto, nunca pensé que encontrarías mi mirada siempre atenta a la línea perpendicular que atraviesa la tierra. Menos aún podía imaginar que después de derretir mis entrañas con la miel de tu silencio, posarías la carne de tu boca de canela en el cristal blindado que difuminaba la velocidad de mi sangre. Pero así fue y en ese instante, una humareda de pétalos en torbellino sacudió la escena opaca, una multitud de insectos alados se distribuyeron sin tregua por las paredes flexibles de mi estómago y crecieron célula tras célula los engranajes líquidos de mi cuerpo hasta devolverme la esperanza y la luz sobre el horizonte efímero de la existencia.  

martes, 23 de enero de 2018

El niño, el viento, la cometa y el sol

Algún niño despistado dejó que su cometa se escapara y volara sola hacia el sol. El viento pasaba por allá en forma de pequeña brisa y se maravilló ante la imagen de aquella preciosa cometa. Suavemente la sostuvo y la ayudó en su recorrido, y así lo hizo durante días hasta que se le ocurrió utilizar alguna de sus fuertes ráfagas para que la cometa pudiera llegar cuanto antes al sol. Pero sacudió su estructura con tanta fuerza que la cometa perdió el rumbo y el sol dejó de incidir en los colores de la misma manera en que lo había hecho antes.
El viento se entristeció y para solucionar el problema, envió otra fuerte ráfaga intentando corregir la posición de la cometa. Pero la cometa se desvío aún más, y el viento volvió a intentar corregir el trayecto, y otra vez la cometa se desvío. Y así continuó ocurriendo durante días.
Finalmente, el viento se rindió, dejó de enviar aquellas ráfagas y sin darse mucha cuenta se transformó nuevamente en una apacible brisa. Entonces pudo observar como la cometa comenzaba a corregir su posición poco a poco, pudo ver como regresaba a volar otra vez hacia el sol.
El viento no comprendía nada, estaba confuso. Al menos se hizo a la idea de que no debía continuar enviando sus ráfagas, pero sabía también que a esa velocidad la cometa jamás llegaría hasta el sol.
El sol, observando la inquetud del viento, quiso hablar con él, y así le dijo:
"Si la cometa llegara a mí, se quemaría, perdería sus colores y toda su forma. Yo no soy su meta, la belleza no está en la culminación de su recorrido. La meta es el propio recorrido en sí , y la belleza está en su planear constante y tranquilo hacia mi luz, la cual le ofrece sus colores.
Déjala sobre tu brisa, no fuerces su movimiento, dale ese espacio y permítela ser. Sólo así disfrutarás de su hermosura largo tiempo."

jueves, 18 de enero de 2018

Vidente

Si pudieras leerme el futuro,
elegiría la incertidumbre,
no sumaría a la fuerza del azar
el riesgo de la creencia,
cerraría el paso a la certeza de lo inevitable
con la inseguridad de la duda.
Si pudieras leerme el futuro,
te pediría que no abras la boca,
querría que lo que fuera a pasar
ocurriera sin trampas que dificultaran su venida.
Si pudieras leerme el futuro,
sabrías lo que ocurriría entre tú y yo,
tendrías cuidado conmigo
y no te atreverías jamás a leerme el futuro.

martes, 16 de enero de 2018

Brusco

Brusco,
me parece brusco todo,
poco liviano,
nada condescendiente,
desasosegado diría.
Tajante,
una cosa que era así,
y que de pronto es asá.
Una cosa intranquila,
indecisa,
cegadora,
turbulenta,
incómoda cual revolución,
pero revolución de esas que revuelven todo
para revolverlo todo otra vez mañana,
es decir,
de esas que se llaman revoluciones
y son poco más que un alboroto efímero.
Una cosa extraña,
una explosión sin mucho sentido,
trozos de lágrimas por el suelo
porque sí,
porque tiene que ser así.
Un bofetón,
un aluvión repentino,
un “esto estaba bien,
pero ahora está mal”,
una propuesta de esas,
de las de…
“Las cosas no deberían ser así,
sí,
lo sé,
las cosas son lo que son,
las cosas son como son,
pero no deberían ser así,
así que ya no lo son,
y poco importa si lo asumes,
o si tu equilibrio mental
se resquebraja.”
Brusco,
insultantemente brusco,
inverosímil.
El dolor, el dolor absurdo,
innecesario,
la obligación de apartar tu piel
de mis noches insomnes.

lunes, 15 de enero de 2018

La perfección

“Somos tan de carne y hueso,
tan desmesuradamente humanos,
que no entiendo que no entiendan
lo perfecta que es nuestra imperfección.
Pero al mismo tiempo lo entiendo.
Si no fuéramos tan perfectos, no lo entendería.
Hago así como que no lo entiendo,
para que creamos que a veces erramos,
pero no hay error.
El error es mentira
¿Cuál es el éxito y cuál es el fracaso?
Somos tan desmedidamente humanos,
que inventamos innumerables barras de medir.
Y nos medimos, y nos cuadramos,
nos configuramos para alcanzar la perfección
con la que ya nacimos.”

Feliz Lunes

“Tómate la vida en serio, pero en broma,
es decir, tómate en serio que la vida es una broma,
pero seriamente.
Que la broma no sea en broma,
que la seriedad no vaya en serio,
que lo serio sea broma y que la broma vaya en serio.”

domingo, 14 de enero de 2018

Estoy bien

"Estoy bien porque sé que lo estoy,
aunque siga el dolor deslizando sus garras,
aunque la incertidumbre continúe arrojando ácido en mis entrañas.
Nada de esto me mata
porque conozco bien su efecto, y lo abrazo y lo dejo pasar.
Estoy bien porque sé que lo estoy,
aunque las cosas no sean como yo querría
¿Quién soy yo para quejarme por las cosas?
¿Qué son las cosas ante mí para que yo decida juzgarlas?
¿Qué relevancia tiene que a mí las cosas me gusten o no?
Estoy bien porque sé que lo estoy,
y con eso me basta."

sábado, 13 de enero de 2018

En las alturas

“Eres muy alto,
Y se te escapan las cosas pequeñas que están en el suelo,
Y se te enfría el cerebro cuando te rozan las nubes.
Eres muy alto,
Y por más que lo intentas no puedes tocarte los pies,
Y te duele la nuca de tanto mirar hacia abajo.
Eres muy alto,
Y la gente te abraza las piernas y tú su cabeza,
Y tu música es tan elevada que nadie la entiende.
Eres muy alto,
Y por eso eres Dios pero crees que no debes creerlo,
Y por eso no puedes mirar mis ojitos de simio travieso.”

jueves, 11 de enero de 2018

Prestad Atención

Prestad atención, dejad de preocuparos. Únicamente dad cabida en vuestro pensamiento a lo que ocurre ahora ante vuestros sentidos, pues sólo eso es lo real y todo lo demás, lo que no veis, lo que no sentís, es un relato de una realidad a la que no habéis tenido acceso en el instante en que ocurrió, así que no es real, es un relato. Los relatos se construyen con palabras y las palabras son pequeñas mentiras que explican el mundo. Los relatos construidos con palabras los cuenta una persona, y una persona es un animal del género humano. El género humano está constituido por miles de millones de individuos que utilizan ficciones para construir su autonomía y su personalidad. Esas ficciones son grandes mentiras construidas con ideas y las ideas son imágenes mentales de la realidad. Dichas imágenes mentales condicionan las palabras que se utilizan para contar un relato, así que el individuo humano que cuenta el relato, usa palabras para describir desde sus ideas aquello que ha sucedido y, teniendo en cuenta, que las estructuras utilizadas para contarlo son producto de la imaginación colectiva, hemos de entender que el relato no puede ser nunca la realidad. Por tanto, lo único real es lo percibido directamente en el presente por el sujeto o los sujetos que interactúan con el continuo suceder.
Las palabras, aún siendo símbolos, aún sin ser en sí la cosa que indican, nos ayudan a entendernos (sólo cuando hablamos el mismo idioma y aceptamos el significado oficial). Digamos que las palabras pueden ser un atajo para alcanzar la comprensión del otro. Pero el problema de las palabras está en que no indican sólo objetos del entorno inmediato, también existen palabras que dan nombre a emociones o conceptos imaginarios e incluso palabras que abarcan todas las palabras que completan un libro, como es por ejemplo el caso de las ideologías.
Cuando un sistema de ficciones alcanza tal grado de complejidad, es positivo plantearse bloquearlo de vez en cuando. No podemos vivir sin las palabras, ahora ya no podemos o al menos, no podríamos vivir de la misma manera en que lo hacemos actualmente, pero podemos prescindir de su dominancia constante, podemos elegir cuando entrar y salir de su mundo. Porque la realidad siempre será más compleja que los mecanismos inventados para explicarla, y sería conveniente aprender a conectar con esa realidad de manera directa sin la necesidad de describirla, pues toda descripción es un juicio, y todo juicio limita, y aunque a priori parezca que controlamos esa capacidad de limitación con el fin de sintetizar lo vivido, finalmente, por el continuo juzgar, terminamos sintiendo mucho menos de lo que podríamos sentir, emocionándonos menos y captando menos detalles de la vida que nos rodea de todo lo que podríamos recoger.
Por todo esto es por lo que a día de hoy no puedo confiar en nada que esté construido con palabras si no se trata de poesía, porque la poesía es la destrucción del significado de las palabras y es, a la vez, la construcción del amor. Por eso ni siquiera confío en este mismo texto que estoy terminando de escribir, por eso deberíais haber prescindido de leerlo, pero dado que ya lo habéis hecho, convendría que lo ignoréis cuanto antes.

miércoles, 10 de enero de 2018

¿La libertad?

¿La libertad?
No, no es cuando todo ocurre acorde a tu voluntad,
sucede más bien cuando aceptas el afán por volar
de aquellos que lo pretenden.
Sucede cuando dejas que el río continúe en su devenir,
no cuando retienes sus aguas
e intentas crear un charco sólo para ti.
En su crecida, las aguas rompen los muros,
pasan por encima de las rocas más grandes.
Cuanto más acorralamos a un elemento libre,
Más aún ese elemento presiona contra las paredes,
y si en su empujar no consigue desprenderse,
No tarda en vaporizarse y culminar los cielos.

sábado, 6 de enero de 2018

Se me escapa

Si me regalaras
en el movimiento,
en la parsimonia
de la gota que se escurre en el cristal,
la yema de tus dedos,
sigilosas,
deslizándose en mi espalda.
Si en esta lluviosa tarde,
te hubieras quedado en mi casa,
si no fuera
porque la melancolía,
siempre se adueña del cielo
cuando me despido,
como una broma macabra de la puta vida
(¡Ay… que se me escapa la blasfemia!)
¡Se me escapa tu sonrisa!
Si me trajeras,
otra vez,
la manta de tu cuerpo,
el aire caliente
que despide tu estómago,
Si la conciencia de la realidad
no fuera tan retorcida,
si no estuviera maldita
mi escritura…
¡No habría poema!
¡Me importa una mierda el poema!
Sólo querría que existieras,
que no fueras un delirio
provocado por el humo del asfalto.
Sólo querría tu sólido cuerpo en mi esfera.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Cosmos

Desde la creación de la nada y el todo, cuando el fuego de la poesía calcinó los muros de la muerte, nuestras almas comenzaron a fraguarse y danzaron efímeras en el caos indómito del cosmos recién nacido. Las primeras estrellas parieron su luz, así como abrimos los ojos por primera vez. La inteligencia hacedora moraba en cada uno de los objetos, en cada uno de los sucesos, en cada circunstancia existente. Y en un punto inerte del vasto océano de nuestra dimensión, apareció de nuevo el fuego de la poesía, el acto de sentir, que comenzó a girar, a danzar alrededor de la luz sagrada. De la muerte surgió la vida, y de la vida se dio la muerte, y así se edificó la realidad en armonía perfecta hasta el día en que quisimos pensar que las coincidencias nos reunieron ¿Las coincidencias? ¿Hijas también del fuego, la imaginación y la metáfora? No, jamás hubo coincidencias. Tú fuiste de aquellas almas que surcaban el caos, yo fui la estela que rasgaba el cosmos, ya conocíamos el camino. Únicamente estábamos jugando a reencontrarnos, esperando a amarnos dando uso de estas estructuras maravillosas que denominamos cuerpos.

domingo, 24 de diciembre de 2017

A los machos

Os conozco bien porque sois sencillos, y venís con la excusa de vuestro pasado, con la excusa esa de vuestra problemática familia y las peleas en la calle. El método intimidatorio de hablar rápido, demasiado alto y con la jerga del barrio, tratando de causar miedo. Tenéis que demostrar que sois poderosos, para que os quede claro también a vosotros mismos. Tenéis que demostrar que sois autosuficientes, que habéis construido vuestra vida con vuestro esfuerzo y que os ha costado poco porque sois los mejores, biológicamente insuperables, machos alfa con una carga genética incomparable. Y pretendéis que entre en vuestro juego, que os baile el agua porque así lo tenéis fácil para sacar vuestras armas y mostrar la faceta que os interesa ¿Qué he conseguido yo? ¿Qué poseo? ¿Qué dirijo? ¿Cuáles son mis logros? Indagáis por esos lares pretendiendo descubrir la pata que cojea y os encontráis con mi indiferencia absoluta. Sí, lo reconozco, os lo pongo fácil, no caigo en la competición, no me interesa, no persigo medirme y ante quienes se regocijan en el pavoneo, yo recojo mis intenciones de amar y me largo a donde perciba que aún queda gente predispuesta a ser amada.
Y luego llega vuestra envidia, vuestra incomprensión ante la realidad aplastante que se os presenta. No entendéis como es posible que el amor que regalo me sea recíproco ¿Cómo vais a entenderlo? Todo lo que creéis haber conseguido se sostiene sobre una construcción de vuestra personalidad completamente imaginaria, en el fondo no habéis construido nada que valga la pena dentro de vuestra íntima esencia, seguís siendo los mismos de siempre, hombres llenos de prejuicios con toda la pesada carga de la educación recibida. Y quizás os veis en la necesidad de arrebatarme algo, pensáis que de esa forma recuperaréis parte de vuestra autoestima, pero obviáis que yo no poseo nada, y que por eso no hay nada que me podáis quitar. Yo no retengo, no oprimo, no trato como mío nada que no forme parte de mi cuerpo físico indivisible. Probablemente se os oxide el cerebro por una acumulación innecesaria de pensamientos violentos, probablemente comencéis a desear mi muerte con tremenda facilidad. El sufrimiento es vuestro, yo continúo en mi plácida nube, cómodamente arrastrado por las sensaciones cálidas y reconfortantes del espacio y del tiempo.
Pero no os odio, no os confundáis. Sé que vuestra inconsciencia os trae sufrimiento. Sé que vuestra incapacidad para replantearos vuestros valores y convicciones, os lleva al disfrute parcial y limitado de la experiencia de vivir, y que nunca tendréis acceso a la dimensión infinita de la paz interna porque no puede percibirse intención alguna en vuestra mente de alejarse de la personalidad prefabricada que asumisteis. No os odio, de hecho, os amo. Os amo porque yo también a veces soy vosotros, porque he sobrevivido en este mundo, en esta sociedad y he recibido el mismo trato y la misma educación. Mi subconsciente está plagado de dogmas que no soy capaz de reconocer a simple vista, lo cual me lleva a caer en actuaciones contrarias a mis intenciones cuando no me mantengo atento, cuando dejo de seguir los latidos de mi corazón.
Puede que algún día comencemos a darnos la mano, pero de verdad, sin apretones, con suavidad, en un gesto de ayudarnos a salir del pozo, el uno al otro. Puede que dejemos de lado la demostración de nuestra fuerza física, que no deja de ser algo ridículo y paradójico, ya que el simple hecho de poseer la necesidad de demostrarla es un profundo signo de debilidad psicológica. Puede que algún día contemos con la posibilidad de amarnos, sin sentirnos ridículos por ello.

Mundo mágico

Creía que la felicidad
moraba en aquel minúsculo vaso de vidrio,
en los grados de aquella botella,
en la estridencia del bombo base
de canciones insulsas,
en el volumen que nos obligaba a gritar
para escucharnos,
en el olor a cigarro de los abrigos,
en el aroma de las flores exprimidas
en los laboratorios para tapar el sudor humano.
Creía que la felicidad
podían ser las voces rotas de los borrachos de la calle,
de los hombres grandes (aunque pequeños)
con sus cánticos graves y amenazantes,
hijos predilectos del patriarcado.
Pensé hace ya años,
que aquello sería la felicidad,
pero frente a la suma descontrolada
de situaciones sobrestimulantes
que colapsaban mi alma,
estaba la simpleza de la realidad próxima,
el presente en su pura expresión,
manifiesto en la luz tenue de las farolas colando sus rayos
en las mínimas gotas de la neblina,
manifiesto en el silencio de las carreteras,
en las basuras repletas de objetos remplazados por otros nuevos
a causa de las fechas navideñas,
manifiesto en el frío, en mi cara congelada,
en mi barba larga protegiendo mis mofletes,
manifiesto en tu sonrisa perenne,
en el cielo que nos mira con sus ojos negros,
manifiesto en cada célula viviente
que construye un trozo indivisible
de este mundo mágico.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Por la prisa

Por la prisa, no desayunamos.
Por la prisa, no hacemos el amor
ni siquiera nos damos los buenos días.
Por la prisa, aunque parezca contradictorio,
perdemos el tren, llegamos tarde.
Por la prisa, respiramos a medias.
Por la prisa, estamos sin estar,
nos echan de menos y echamos de más.
Por la prisa, asumimos como única realidad el mundo práctico,
y nada existe más allá de los quehaceres,
aunque no valgan para nada
y la muerte se lleve al fin y al cabo todas nuestras idas y venidas,
todas nuestras vidas en las avenidas del delirio.
Por la prisa, no vivimos,
y llegamos al lecho de muerte,
y es como si hubiésemos llegado al lugar en el que siempre habíamos estado,
en nuestro cementerio de cartón,
esa caja estrecha que nunca dejó pasar la luz,
por la prisa.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Sentir

¿Y si sólo sentir fuese real?
Aunque la piel se enlace y se enrede en los sucesos,
y de la piel hacia dentro vengan,
como torrentes, los estados anímicos
¿Y si la causa diera igual? ¿Y si sólo sentir fuese real?
Si sólo sentir fuese real,
estaríamos entonces despistados,
prestando atención a lo que es efímero,
a una materia plástica
que el fuego pronto transformaría en humo.
Si sólo sentir fuese,
si sólo sentir es,
estamos entonces enfocando erróneamente la vida,
confundiendo el punto,
el cuerpo, el espacio
en el que habríamos de poner nuestra atención.
Si todo lo que importara fuese...
El fuego de mi garganta frente a tu beso furtivo,
la contracción eléctrica de mi estructura
tras el despliegue incauto de tus caricias sobre el silencio,
la horda de tambores ancestrales
retumbando al unísono en mi sólido vientre,
si eso fuera todo lo que importara...
la mitad de nuestra vida estaría estancada,
atrapada en una dimensión virtual,
una caverna engañosa,
como aquella de Platón, la de las sombras.
Quizá nos sobrecoja el miedo, pero
¿Y si sólo sentir fuese real?

jueves, 14 de diciembre de 2017

Perspectiva

Que todo es cosa de perspectiva ya lo sabemos, hasta nuestra propia muerte puede parecernos un plato de buen gusto. Los sucesos son eso, acontecimientos que discurren sin que exista posibilidad de transformación una vez que ocurren. Hay muchas herramientas a escoger a la hora de enfrentarnos a los hechos, pero actitudes hay básicamente dos. Podemos optar por auto-infligirnos una sucesión descontrolada de violencias psicológicas tomando el camino de la queja y el constreñimiento, de esa manera no cambiaremos nada, no habrá sensación de alivio ni desasosiego, pero sentiremos algo así como un halo de justicia y orgullo, fruto de la asunción de nuestro inconformismo como algo positivo, un inconformismo sin resultados ya que hablamos de eventos inevitables.
Por otro lado, podríamos optar por la senda de la asimilación, de la aceptación. En este caso tampoco cambiaríamos nada, lo inevitable continuaría su curso y, quizá tristes o quizá emocionalmente indiferentes, esperaríamos con los ojos bien abiertos a que la situación se modificara por sí sola. Después trabajaríamos intelectualmente para encontrar la manera de construir mecanismos que eviten la repetición de los sucesos que nos disgustan.
Y a la nieve que comienza a caer cuando uno está en plena calle, no nos queda otro remedio que amarla. Colocar nuestra cara frente a ella y dejar que nos bese.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Vosotros

¿Y vosotros? ¿Cómo estáis? ¿Es cierto que vagáis sin rumbo? ¿Es cierto que camináis por una senda completamente imaginada? Y en ese caso ¿Cómo hacéis para caminar sin cuestionaros constantemente la razón por la que camináis? ¿No os preguntáis ni siquiera por qué tenéis pies? ¿Para qué existen los pasos si no pueden llevaros a ningún lugar? Si al menos os hubieran ofrecido alas…
El diseño ha diseñado al diseñador, y no al contrario. El arquitecto lucha contra su obra. Ella nació antes que él.

domingo, 26 de noviembre de 2017

De lo feo y lo bello

Que todo es feo no es verdad
y que la verdad es mentira,
es una cosa imposible.
Verdad es que lo feo destaca,
que lo feo tapa,
oculta y comprime la belleza.
Verdad es que lo feo hace ruido
que lo feo conquista el oído
y que a la belleza nos cuesta más escucharla.
Y aunque la verdad no es mentira
ni existen mentiras que sean verdad,
hay bonitas fealdades,
cosas feas que son bellas
y bellezas horrorosas.
Y aunque hay cosas objetivas,
que por más que las miremos
siguen siendo lo que son,
son cosas que son pocas
y que irremediablemente son.
Ni lo feo es tan feo
ni existe en terrible abundancia,
ni lo bello es tan escaso
ni se aleja asiduamente de tus ojos despistados.

sábado, 25 de noviembre de 2017

De la idiotez y el miedo

A primera vista parecen buena gente,
con buen criterio,
gente cuerda que sabe lo que quiere, a primera vista.
Luego les da por hablar de revolución,
como una cosa bonita que hay que hacer,
pero en el fondo están defendiendo la pena de muerte.
Aunque bueno,
la pena de muerte la defienden hasta que hagan su revolución.
Obvio. Cuando maten a todos los malos, ya no hará falta matar a nadie.
Y viviremos todos genial.
(Es curioso que los malos son fácilmente identificables)
Esta buena gente está muy enfadada,
es normal,
pasan cosas muy feas en el mundo,
cosas terribles e indignas.
Los malos castigan, maltratan y matan a los buenos
porque sienten que son mejores,
creen que tienen el derecho y la potestad para hacerlo.
Rara vez piensan que estén equivocados actuando como actúan.
Los buenos quieren castigar, maltratar y matar a los malos
porque sienten que son mejores,
creen que tienen el derecho y la potestad para hacerlo.
Rara vez piensan que estén equivocados pensando como piensan.
Pero los buenos y los malos no son iguales. No.
Son igual de idiotas, eso sí.
Lo que lleva a unos a actuar de una manera,
es la misma cosa que lleva a actuar a los otros de la misma manera.
Que unos se identifiquen como malos
y otros como buenos es sólo cuestión de etiquetas.
La moral y la ética son fruto de la cultura humana,
y la cultura humana es fruto de la imaginación.
La cosa que lleva al humano a ser idiota
es un sentimiento,
una emoción derivada de los pensamientos de odio,
odio que implica cierto complejo de superioridad,
complejo que proviene del miedo,
miedo que provoca pensamientos de odio.
Tanto los buenos como los malos
son dominados por ese sentimiento.
Tú y yo somos idiotas,
no sé si buenos o malos,
quizá para eso no haya nada que hacer,
pero para la idiotez
puede que tengamos algún remedio todavía.



viernes, 24 de noviembre de 2017

¡Viva el odio!

Yo generalizo.
Tú generalizas.
(Y el resto de la conjugación)
Generalizar es divertido,
sirve para desear la muerte de muchas personas a la vez,
o incluso para ponerla en práctica.
También sirve para discriminar.
Nos hace la vida más fácil.
No hay que pensar tanto ni profundizar a la hora de conocer a otras personas.
Yo, como cada cual, estoy en la lista de espera de varias cámaras de gas.
Entraré en aquella en la que más prisa tengan por meterme,
y en las demás tendrán que conformarse con que, al menos, ya he muerto.
Todas las etiquetas con las que me identifican
han sido colocadas sobre mí sin mi consentimiento,
y a veces (por no decir siempre) se refieren a cuestiones biológicas
sobre las que no he tenido ningún tipo de elección.
Pero aún así debo rendir pleitesía.
Debe ser que le pedí a Dios que me hiciera como soy,
debe ser que yo sabía que ser como soy es “mejor”,
y antes de nacer debí rogarlo, aunque ahora no lo recuerde.
A veces miro al cielo para ver si viene ya ese meteorito,
el de los dinosaurios,
porque a veces generalizo
y creo que todos los humanos damos asco,
y que antes de nacer elegimos ser humanos
porque sabíamos que molaba más que ser una vaca (por ejemplo),
así que le pedimos a Dios que nos pariera una hembra humana,
y Dios nos concedió el deseo.
Casi todos los humanos comen vacas y llevan milenios haciéndolo.
Si las vacas fuesen humanos, exigirían respeto. Pero las vacas no hablan.
Y creo que las vacas no generalizan,
pero puede que sueñen con meteoritos,
con pequeñas piedras que caen,
a gran velocidad,
únicamente sobre cabezas humanas.
Al meteorito no le importa que tú no comas vacas,
tú eres un humano
y por pertenecer a la especie humana
se te hace responsable del exterminio pertrechado por tus semejantes.
Sí, así son las cosas ¡Viva el odio!

lunes, 20 de noviembre de 2017

Viento

Viento que viene y que va, violento a veces cual vándalo. Viento que baila versátil, voluble, voluptuoso, que me besa, que me vence, que me aparta el cabello de la faz. Viento vivaz, viento vigoroso que me arrastra. Querría vivir en tu vaivén invencible, en tu vibratoria voz. Querría vivir valiente, viajando, sin visa, sin prisa, como tú, vigoroso viento, como tú, vívido bandido indomable de las cordilleras.

Foto realizada por Jesús Bonham

Las nubes

Ahora que comprendo, ando falto de tiempo para explicar. Así como un flash ha venido a mí la respuesta, pero igual de rápido se ha difuminado la pregunta. Me bajo en la siguiente parada, es una estación en curva. Al salir tendré cuidado para no introducir el pie entre tu mirada y mi sonrojo. Fuera de este gusano metálico nos están esperando las nubes, que estarán pasando inocentes como siempre sobre nuestras cabezas, de la misma manera que pasan las cosas que pasan. Vienen, suceden, se van y se desvanecen.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Vienes

Vienes, te arrastras, me observas y te vas. Vuelves, brillando, me agarras, me muerdes, te alejas, regresas, me envuelves y me arañas con tus garras de metal. Quiebras tus colmillos devorando mi espíritu que se revuelve cual pensamiento cayendo por tu larga garganta.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Inteligencia contra naturaleza

Se dice que el ser humano es inteligente, consciente de sí mismo y de su entorno de un modo diferente al del resto de los seres vivos. Se dice que esa capacidad se desarrolla gracias al cerebro, que está metido en una cabeza. Así que una mano o una pierna por sí sola, no es inteligente ni tiene consciencia ¿El ser humano no es inteligente en su conjunto?
Se dice que el cuerpo humano se asemeja en alto grado a un ecosistema por la cantidad de microorganismos que aloja. Se entiende que el ser humano es producto y parte de la naturaleza.
Si el cerebro es parte del ser humano y el ser humano es parte de la naturaleza ¿Por qué deberíamos ser escépticos ante la afirmación de que la naturaleza es un ser inteligente y consciente cuando no ponemos en duda que el ser humano lo es? ¿No sería, según la lógica que utilizamos para dudar de la inteligencia de la naturaleza, que lo inteligente y consciente fuera el cerebro y no el ser humano en su conjunto? ¿Somos la “cabeza” de la naturaleza? ¿Sería antropocéntrico pensarlo así?
Sencillamente, si la naturaleza es todo lo que existe (el universo, las leyes físicas, el tiempo, el espacio, etc.), la inteligencia humana también es producto y parte de la naturaleza, así que la inteligencia, en cualquiera de sus formas y manifestaciones existentes, es naturaleza. Por lo que, aunque lograse desarrollar la inteligencia por mecanismos evolutivos azarosos o fruto del afán por la supervivencia, la naturaleza, a día de hoy, es inteligente.
Pero ¿Y si la inteligencia no fuese real? ¿Si se tratara sólo de una palabra inventada para delimitar una característica que no podemos explicar? ¿Y si la consciencia inteligente fuese algo que escapa a nuestro control comprensivo? ¿Y si todo este escrito no fuese más que un juego de ideas entrelazadas, un baile casi involuntario de palabras que utilizo para explicarme a mí mismo algo que como partícipe de la vida no puedo llegar a comprender jamás racionalmente?

jueves, 2 de noviembre de 2017

Increíble

¿Sabéis? No he dicho nada así públicamente, porque tampoco hace falta que ande contando siempre mi vida. Pero para enmarcar un poco la increíble experiencia que me ha sobrevenido hoy, os comento que estoy viviendo en la sierra de Madrid. Me he venido para acá porque cuento con el privilegio de que mi familia posee una casa en un pueblito, y me han permitido el lujo de montar un pequeño estudio de grabación en la Buhardilla. Sí, mi intención es componer canciones y después grabarlas y terminar pariendo un nuevo disco, así que finalmente el privilegio de la casita en la sierra se convertirá también en el privilegio de, al menos, todos aquellos que disfrutáis con mi trabajo. Pero no os vayáis a impacientar porque tardaré largos y duros meses en sacar todo esto para afuera.
Lo que venía a contaros realmente es que, entre esfuerzo y esfuerzo por vomitar palabras, he desistido un rato de mi trabajo y me he escapado al bosque. El bosque en esta parte de la sierra tiene un encanto especial. Está compuesto sobre todo por robles, la vegetación es bastante abundante y varios riachuelos cruzan la zona, hay, de hecho, diminutas cataratas repartidas en los recovecos que forma el agua entre las ramas. También hay un número significativo de aves, además de corzos, ciervos y jabalíes. Ahora en otoño los colores son increíbles, tonos rojos, amarillos y verdes se mezclan creando una atmósfera completamente mágica.
Me he metido entre las zarzas, por una zona aparentemente inaccesible. Después me he subido a una roca, me he sentado cómodamente y he sacado el libro que llevaba en la mochila. Cuando estaba totalmente concentrado y sumido en la lectura, he notado el olor intenso de la tierra y la hierba mojada, he sentido el frío que me aportaba la nítida niebla, me he sobresaltado en algunos momentos con el sonido de las ramas secas de los árboles cayendo sobre las mantas amarillas de hojas y me he maravillado con el baile frenético de los pajaritos. Y eso es todo lo que ha pasado. Después me ha entrado hambre y he regresado a la casa para cocinar algo ¡Ha sido increíble!

Es más sencillo

No es del todo importante, si es que alguna cosa lo es, pero quiero recordar al individuo (y a mí mismo) que la jerarquía del valor de las cosas, el sistema vertical para reconocer la mayor o menor importancia de los hechos, los sucesos, las sensaciones o los objetos, es otro constructo teórico fruto de la imaginación humana para mantener en equilibrio y en orden nuestro frágil sistema de auto-estima y nuestra supuesta personalidad.
No eres especial, el rayo divino no está esperando el mejor momento para posarse sobre ti y ofrecerte el nirvana, no posees ningún tipo de valía, tampoco lo contrario. Simplemente existes. Tratar de establecer un valor supremo a tu vida personal y única es, paradójicamente, una manera de reducir a simples especulaciones mentales el acontecimiento singular que supone tu existencia en el tiempo. Tu insignificancia puede ser a la vez tu grandeza. Aunque en el fondo es algo que da igual, tanto la insignificancia como la grandeza son juicios humanos añadidos a la realidad para etiquetarla y desarrollar así valores, opiniones, creencias, convicciones y más tarde quizá religiones e ideologías con sus respectivos templos.
No eres mejor ni peor, sencillamente eres. Eres uno más entre tantos, un tipo que pasea entre la masa. Masa que se compone de tipos que pasean entre la masa. Masa a la que tu perteneces desde la perspectiva individual de cada tipo que pasea (y también desde una perspectiva objetiva si hubiera un espectador omnisciente). No eres un dios en ti mismo ni por ser un simio humano tienes derechos y deberes, eso son papeles, leyes fundamentadas en ideas. Mal que te pese tu vida está sujeta a las fuerzas puras y objetivamente verídicas de la naturaleza. Sólo existes, sucedes, como el resto de las cosas que se amontonan en el instante, nada más.
Nada está bien y nada está mal. Como ser sujeto a las leyes naturales, te disgusta pasar hambre, te disgusta pasar frío, te agrada una ducha caliente y tener sexo, huyes del dolor y buscas el placer. Ninguna de estas cosas son buenas ni malas, sólo son. El juicio y la etiqueta son fruto de tu mente para construir tu propio orden. Pero déjame percibir algo: Ese orden nos limita, obstruye nuestra capacidad para ser con todo en el instante. Tal vez la asunción de esta realidad provoque cierto tambaleo en las estructuras de la identidad forjada, pero esa identidad es “falsa”, se fundamenta en una línea temporal, la cual nace de nuestra imaginación, que se apoya en eventos del pasado que persisten distorsionados por los juicios que hemos utilizado para almacenarlos ¿Para qué necesitamos identificarnos? Es más sencillo ser.