lunes, 14 de septiembre de 2015

Pensamientos

Cruzan mi cabeza cuando placen, invaden el silencio inexistente de mi cráneo. Inútiles palabras malgastadas en discursos inaudibles, ilógicos enredos de un monólogo infinito. Se abrazan al cansancio porque viven de las lágrimas que exprimen, y a veces justifican su presencia recordando que su voz es el cordón umbilical de las ideas.
¡Pensamientos, tonterías, laberintos, disparates! Si pudiera divorciarme de su eterna vibración, si pudiera destripar su algarabía y discernir algún remedio en sus entrañas… Pensamientos, melodía de la mente, fragua inextinguible de mentiras. Solamente la ignorancia los aplaca, sólo el arte de inventar un personaje, un guión de una comedia, un paisaje inopinado, puede apaciguar de vez en cuando su constancia.

A mí, contrariamente a lo que le sucede a un gran número de humanos, me tranquiliza, me relaja inmensamente sentirme insignificante, me complace deducir de rato en rato que no tengo importancia, que la importancia es un producto de la construcción mental que hago de mi supuesta personalidad. Me siento ajeno a toda responsabilidad imaginaria y mis venas se refrescan con la idea de que el tiempo en que la historia me ha acogido, cabe en un cerrar y abrir de ojos de los años de la tierra y del misterio sempiterno de la vida.
Tanto pensar me ha enseñado que pensar demasiado es como esforzarse por salir de las arenas movedizas, toda la energía que invertimos en vencer, se transforma en un aumento proporcional de la velocidad en que la tierra nos absorbe.

La clave está quizás en preguntarse “para qué” antes de caer en el “por qué”, la utilidad depende siempre de uno mismo, de la imaginación y de la acción. Sólo la práctica de la vida separada de la corriente incesante del pensamiento aporta cierto significado, significado que a su vez pierde importancia bajo la práctica. El “por qué” se escurre fácilmente de las manos. El “por qué” no es un asunto dependiente de las acciones humanas, solamente trae hipótesis sin fundamento, pensamientos que se entrelazan y se enredan, agua contaminada que inunda nuestra razón de ser.
No, no podemos conocer la respuesta, no existen las soluciones, no hay camino que recorrer desde el intelecto, son arenas movedizas. Vivir es la llave, la práctica, la cotidianeidad, los asuntos aparentemente triviales pueden ser en ocasiones los únicos puntos de acceso a la sensación de significado y, en consecuencia, la única puerta para abandonar el tráfico de pensamientos.

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