martes, 6 de octubre de 2015

De un momento a otro

De un momento a otro parece ser que se puso de moda aquello de cuidar de uno mismo, de cuidar del propio cuerpo y otras cuestiones derivadas de toda esa filosofía “naturista”, ligada a veces a la religiosidad, a la espiritualidad o al misticismo. De un momento a otro lo que parecía nacer con cierta seriedad, con algo de fundamento, se fue convirtiendo en una cosa ambigua y contradictoria de la que actualmente muchos se mofan para sentirse por encima y creerse poseedores de alguna superioridad moral o de alguna inteligencia mejorada. Y es que de un momento a otro e irreparablemente quedaron invadidas de juicios y postulados ridículos todas esas teorías de la nueva era y sus profetas iluminados. Pero también las posturas antagónicas hacia dichas teorías han ido cayendo, según mi opinión, en la negación constante y absoluta de toda hipótesis que venga planteada desde aquellos círculos “neo-hippies” (por llamarlos de alguna forma un poco original).
Hay una especie de tensión entre dos extremos muy diferentes que generan, a lo largo y ancho de su disputa, una multitud de incongruencias y disparates que para los que nos hallamos en el medio, equilibrados frente a las diferentes posturas, se convierten en pedradas a veces difíciles de esquivar.
Por ejemplo, por un lado, cuando se intenta hacer comedia sobre aquellas personas que hacen ejercicio, intentan llevar una alimentación más o menos saludable o se ocupan de su bienestar físico y mental, se me acaba haciendo más cómico (a mí, personalmente) el hecho de que, independientemente de todas las risas que nos lleven a sentir esa convicción inquebrantable de que dicho modelo de vida es ridículo, las personas que se cuidan asiduamente van a tener siempre muchísima más probabilidad de gozar de mejor salud física y mental que las personas que se despreocupan (o más bien desocupan) de sí mismas. Y podemos seguir riéndonos, pero es y será así, irremediablemente.
Por otro lado, por ejemplo, por mucho peyote o ayahuasca que se pueda ingerir, la dimensión espiritual del ser humano, si es que existe, no va a dejar de ser una cuestión hipotética y todas las opiniones que se puedan sacar al respecto no son mejores ni están más cerca de la verdad que aquellas que pueda sacar, por ejemplo, nuestra entrañable abuelita mientras hace punto de cruz (la cual probablemente nos hablará de Cristo).
No quiero decir con todo esto que no tengamos que hacernos preguntas ni barajar hipótesis sobre cuestiones místicas o espirituales, lo que quiero dar a entender (que se trata de mi opinión solamente) es que no tenemos la posibilidad de conocer y, por tanto, describir racionalmente nuestra naturaleza espiritual. En todo caso, si dicha naturaleza existiera, podríamos alcanzar de ella cierta comprensión emocional, lo demás está fuera de nuestro alcance, no es algo de lo que debamos ocuparnos ni preocuparnos por encima por ejemplo del sufrimiento ajeno, la justicia, la libertad, las condiciones de vida que se nos dan o nuestra estabilidad física y sentimental.
Quizá quien esté leyendo no esté comprendiendo del todo a dónde pretendo llegar con este texto, así que voy a intentar ser un poco más claro. Escribo en defensa de quienes recogemos ideas desde los diferentes puntos de vista imperantes, dependiendo de la utilidad que encontremos en esas ideas. Está claro que se ha creado una imagen errónea alrededor de cualquier persona que decide cambiar algunos aspectos de su vida, aspectos que no coinciden con las costumbres viciadas de la cultura vigente. Desde una postura científica y categórica, y también desde el sedentarismo ligado a la aceptación incondicional de las conductas tradicionales tratan de etiquetarnos y meternos en el saco de lo “neo-hippie”, mientras que desde ese “neo-hippismo”, por el hecho de cuestionar su misticismo inconexo y sus teorías infundamentadas, nos asocian con los defensores a ultranza del conservadurismo y la incredulidad absoluta.
A mí me gustaría que se comprendiese que trato de ser alguien que piensa libremente y que escoge de lo que descubre lo que más le convence y no aquello que se pone de moda. Pero supongo que unos me seguirán llamando hippie y otros rechazarán mi discurso por omitir el nirvana, la reencarnación o el karma, es inevitable. Este es uno de los grandes y ridículos enfrentamientos de nuestro tiempo, poco espacio nos dejan a quienes intentamos construir nuestro propio pensamiento.  


1 comentario:

  1. Dices que "no tenemos la posibilidad de conocer y, por tanto, describir racionalmente nuestra naturaleza espiritual".
    No estoy de acuerdo.
    Y lo comento para aprender, no para convencerte.
    Pocos lenguajes más racionales que la música se me ocurren.
    Ella, en mi opinión, es capaz de describir racionalmente nuestra naturaleza espiritual.
    No solo se trata de "cierta comprensión emocional".
    No tiene sentido seguir dejándola en manos de dios o del inconsciente.
    Si participo no está fuera de mi alcance.
    Me duele esa renuncia.
    La crítica al misticismo como inconexo e infundamentado, aunque cómoda, no siempre es acertada.

    En algo estoy de acuerdo, sin un cuerpo que encarnar, desde donde partir y al que volver, no tiene sentido plantear la conexión mística, espiritual, transcendental, o como la queramos llamar.

    Enhorabuena por tu trabajo y muchas gracias por tu ejemplo.

    ResponderEliminar