domingo, 27 de enero de 2013

Al día un escrito

25
(Correspondiente al día 25 de Enero)

Si hubiera sido un científico de esos “supra-racionales”, de los que se basan al cien por ciento en el instinto de supervivencia para explicar las características biológicas y los actos de los humanos y los animales, me habría preguntado de vez en cuando cual puede ser la utilidad de los sentimientos, pues sólo porque se puede ser feliz, se sufre.
Me dirán que la felicidad es esencial para la supervivencia, pero si no supiéramos lo que significa ser feliz, no necesitaríamos la felicidad y no supondría una esencialidad para sobrevivir. Evidentemente, deseo acabar con el sufrimiento (no hablo del sufrimiento físico, sino del moral), pero para acabar con el sufrimiento habría que acabar con la felicidad (También con el amor y otros sentimientos agradables), pues solo existen sentimientos desagradables porque sabemos que podemos tener otros agradables y viceversa. ¿Qué sentido tienen los sentimientos para la supervivencia? La mamá orangután lleva durante una semana sobre sí a su cría asesinada hasta que el cadáver se pudre, esa semana es para ella de las peores de su vida, la pasa sumida en una terrible depresión. Para la supervivencia tiene sentido que la mamá orangután ame a sus crías, pues sólo ese afecto permitirá que las crías se desarrollen, pero carece de sentido (para la “sagrada supervivencia”) que ese amor perdure cuando las crías se mueren ¿Qué significa? ¿Es ese amor post mortem un residuo de varios instintos? ¿Es ese amor un capricho o un error de la naturaleza o es que acaso es incierto que todos nuestros actos estén condicionados por el instinto de supervivencia? Yo creo en esto último.

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