sábado, 5 de enero de 2013

Al día un escrito

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(Correspondiente al día 4 de Enero)

Crecemos, salimos de la tierra y nos sale pelo allí donde había antes un desierto. Aparecen pensamientos inesperados, nos miramos al espejo y vemos a una persona que desconocemos, aunque sabemos que somos nosotros mismos. Queremos ser otro, queremos otro aspecto, otra vida, otro tiempo, queremos morir y nacer de nuevo, no aceptamos ser quienes somos, no apreciamos el precio que valemos. Ecos de misterio rodean nuestras habitaciones y nos incitan a olvidarnos del mundo, quieren conseguir que optemos por la evasión ante la clara insignificancia que suponemos en un mundo ya construido. Pero la verdad no es esa, pues todos los seres humanos son hijos de la misma tierra, nuestra capacidad y nuestro significado dependen de nuestra relación con la realidad y con nosotros mismos. Llegado el momento, deberíamos buscarnos y conocernos, una vez conseguido, deberíamos amarnos. Uno siempre son dos como mínimo, pero a veces uno son muchos. 

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