sábado, 19 de enero de 2013

Al día un escrito

18
(Correspondiente al día 18 de Enero)

Camino de losa mojado que refleja no tanto a la persona, más su forma de andar. Pensamientos que se olvidan a sí mismos, avances inauditos para la humanidad dentro del cráneo de aquel viandante que al igual que arroja su cigarro al suelo, pisotea sus propias obras de arte que jamás serán expuestas. 
El paraguas es negro, las farolas son negras, los árboles grises, las nubes pesadas, el agua de las aceras es densa como el aceite y tu voz está más grave que de costumbre, carrasposa, no es la ideal para que me cuentes un cuento, pero está bien para callarse y pensar.
Al otro lado como siempre la mar, pero me encuentro hoy con una guitarra desquebrajada que algún trovador desesperado ha destruido en su delirio contra las rocas. Una afilada piedra atraviesa el cuerpo de la guitarra y asoma su punta por el único agujero de la caja de resonancia. Las cuerdas siguen enganchadas desde el clavijero hasta el puente, pero se doblan y se separan por la acción violenta de la piedra afilada. Las olas azotan vehementemente al instrumento que aún resiste la corriente y para mi sorpresa escucho un acorde disonante que se manifiesta tras los golpes del agua en las cuerdas, parece casi un gemido humano, parece como si pidiese ayuda y dijese "¡Estoy viva!". Me acerco cuanto puedo sin dudar  al lugar de los hechos y justo en el momento en que me dispongo a agarrar el mástil y tirar de él hacia mí, una gigantesca ola se traga por entero a la guitarra que suelta sus últimos gemidos viajando a la nada. 

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