martes, 22 de enero de 2013

Al día un escrito

 22
(Correspondiente al día 22 de Enero)

Por un lado están las cosas que nos sorprenden y que no tienen demasiada importancia, y por otro, están las cosas que no nos sorpenden, pero que nos molestan, es decir, que las damos mucha importancia. A mí no me sorpende en absoluto que los políticos actúen para su beneficio propio, pero me molesta. No me molesta porque pretenda que el sistema democrático funcione, me molesta porque las acciones de cualquier político afectan directa o indirectamente sobre las personas, a veces sobre personas que me importan e incluso a veces afectan sobre mí, ya que, lo quiera o no, vivo sumergido aún, como todos o casi todos, en el denigrante mundo del capitalismo, y los actos "irresponsables" de los que están ahí arriba terminan arrojando piedras en mi camino y en el de todas las personas que intentan crecer por sí mismas. Digo esto porque, desde mi posición anti-autoritaria, podría decir perfectamente que a mí no me importa lo que algunos políticos hagan o dejen de hacer, ya que, cuanto más metan la pata, más desconfianza generan y pierden credibilidad, por lo cual, muchas personas que les votan dejarían de hacerlo y quizás algunas comenzasen a plantearse la política desde la no delegación de las responsabilidades personales básicas en otras personas (en políticos), pero no soy tan confiado y sé que de llegar ese punto de reflexión en el llamado "pueblo", se produciría al cabo de mucho tiempo (si es que algún día se da esa casualidad), por ello, actualmente, y muy probablemente hasta el final de mis días, los actos de los que nos gobiernan me van a afectar (nos van a afectar) y por eso me molesta cuando roban, cuando mienten, cuando matan, cuando hablan y nos ofenden, y ¿Por qué no decirlo? Me molesta el simple hecho de su existencia. Tengo claro que no por esta molestia que me causan voy a tomar la determinación de votar por otros diferentes (principalmente porque todo aquel principiante que toma la vara termina siendo el mismo veterano corrupto), mis pretensiones políticas son mucho más profundas que un simple papel en una urna. Tampoco voy a perder el tiempo intentando que metan a este tipo o a este otro en la cárcel o pidiendo la dimisión de algún imbécil, pues no me son necesarias miles de estadísticas para percatarme de que a lo largo de la historia se han producido siempre comportamientos inadmisibles desde las esferas políticas y que jamás las dimisiones o la prisión han conseguido cambiar la situación por largos períodos de tiempo. Lo único que me auto-justifico es la queja por las molestias ocasionadas a mi persona por estos individuos, ya que esa queja (simplemente expuesta ante mis amigos, familiares y conocidos) si supone una influencia sobre la terquedad de algunas cabezas que aún tienen fe en la "bondad" de los políticos, y anima a la desconfianza y, por ende, a elaborar, individualmente, nuevas vías de reflexión.

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