domingo, 20 de enero de 2013

Al día un escrito

19
(Correspondiente al día 19 de Enero)

Y el mar me tragó a mi también, y busqué los ya tenues y apagados gemidos de las cuerdas de la guitarra que se perdían en la inmensidad del océano. Comenzó una fuerte tormenta, el agua no tardó en agitarse violentamente, mi cuerpo era un pelele. Las fuerzas no me respondían, mis músculos estaban entumecidos y era consciente de que pronto me sumergiría hacia el fondo para no volver. Como uno de mis últimos recursos, aguantaría la respiración y finalmente llegaría al llamado "punto de quiebre", mi cuerpo involuntariamente me obligaría a respirar y de ese modo entraría en mi organismo el agua salada, penetrando en mis pulmones y llevándome a la muerte. Pero no sucedió así. La guitarra quebrada apareció junto a mí aún gimiendo, aún viva, ella flotaba y no había de utilizar ninguna fuerza física para mantenerse viva, sólo se dejaba llevar. Me agarré de piernas y brazos a su cuerpo y pude, aunque no por entero, reducir mi agotamiento. Pulsé las dos únicas cuerdas que aún quedaban tensas. Emergió un sonido, muy débil, pero a medida que se desplazaba entre las partículas del aire, el sonido se hacía más y más fuerte y yo me introduje en ese sonido. A los pocos días... nací.

1 comentario:

  1. Muy hermoso.
    Pásate algun dia por Barcelona a hacer un recital no?
    Espero los vientos te lleven a uen puerto.
    Salud!

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