lunes, 29 de octubre de 2012

Los días en Perú (texto 6)


Escritos del Martes 16 de Octubre de 2012 (Aunque el blog indique otra fecha)
Delirios nocturnos


Yo soy de aquellos que sueñan despiertos más que dormidos, por eso a veces duermo despierto y a veces me despierto durmiendo. Viajo en un tren oxidado que marcha a inconmensurables velocidades hacia inauditos parajes de insaciable melancolía. Vivo entre los densos metales de la maqueta de un dios que mi mente ha creado y que mis perezosas manos aún no han terminado de esculpir, así pues, me he quedado en los andamios de este David contemporáneo y mediocre, lo cual es lógico y decente, pues tratándose de un dios, quien sabe lo que a su inauguración decidiría hacer conmigo. Quienes engendran dioses no siempre son a su vez dioses, sino todo lo contrario, ya que un dios no necesita de otros dioses, solo incautos que le recen.
Estas horas delictivas de la noche no se hicieron para escribir majaderías, pero la almohada, constantemente platicando, me tiene ya con el cerebro derretido cual si fuera su tertulia una azul llamarada y mis sesos la cera de un muñeco inerte del museo. Por tanto, prefiero volcar ahora mis infructuosos desvaríos y dejar tranquilo al mundo aunque mañana se levante algo más muerto.
Sé que nadie me va a creer, pero he hablado mientras soñaba con unos pequeños duendes que me prometieron llevarme al hueco gris de mi habitación, que es donde viven, el día que su especie declare la guerra a la humanidad, pues quieren que me apunte a sus filas. Yo ya les he dicho que soy un ser humano y que sería una traición por mi parte luchar a su favor. También les informé de que serían aplastados rápidamente, pues su tamaño es claramente inferior al de los humanos, pero se reían de mí y, para colmo, me dijeron que yo sería el primero en caer, por falaz. Nadie debe preocuparse, son seres diminutos sin capacidad de triunfo alguno, además, he estado buscando su escondrijo y sé que pronto les encontraré, quizás no esta noche, quizás mañana, y mi zapato será lo último que contemplen.
Solo hay un problema, la justicia, esa canalla inverosímil que les dará la razón. Claro, ellos se lo han puesto siempre fácil, le dictan sus leyes, le ponen la comida en la mesa, hasta se la mastican e incluso he llegado a ver como esos enanos se la comen para ahorrarle esfuerzos a la hora de tragar. Por eso ahora está tan delgada. ¡Una cosa es intentar hacer el menor esfuerzo posible y otra es dejar de comer para no tener siquiera que tragar la comida! En fin, tendré que enfrentarme también a ella y enseñarla sus responsabilidades. ¡Qué cansancio! Talvez esta noche…

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