lunes, 29 de octubre de 2012

Los días en Perú (texto 5)

Escritos del Viernes 12 de Octubre de 2012 (Aunque el blog indique otra fecha)
Reflexiones a raíz de observar las aglomeraciones humanas en la periferia de la ciudad de Lima.


¿En que momento se toma la decisión de partir hacia el infierno profundo? ¿En que momento las entrañas del fuego pueden llegar a parecernos un lugar apacible? Es sencillo. Sucede cuando el lugar en que vivimos es mucho peor que el mismo infierno, cuando vagamos sin rumbo en una tierra de carencias y hambre, y también cuando el infierno se nos presenta como un suculento plato repleto de alimento inacabable. Las ciudades son el infierno y cada vez viven en ellas más y más personas. El robo histórico y continuado de todo cuanto el individuo habría de poseer, es la causa fundamental de las aglomeraciones urbanas.
Hubo un tiempo en que, a pesar de ciertas conductas jerárquicas y extrañas costumbres hoy inconcebibles, el ser humano vivía conectado con la naturaleza, no le faltaban recursos para la subsistencia y a la vez, en ese tiempo remoto, existían otros seres humanos con el afán de acumular todos los recursos posibles, simplemente para evitar los continuos desplazamientos en busca de alimento.
En esta época ya surgieron conflictos entre los seres humanos, pues apareció el concepto del robo, que no es más que una tergiversación absoluta de la realidad. El robo, hoy día, es el hecho de tomar para uno mismo un material que se ha declarado como propiedad de otro individuo, es decir, si yo me encuentro una piedra en el campo y decido que es de mi propiedad e incluso le pongo un precio (como si fuera un brazo o una pierna de mi cuerpo, como una cualidad esencial de mi ser) y alguien, estando yo despistado, se lleva esa misma piedra, he de considerarlo como un acto injusto y tengo derecho a imponer determinadas sanciones sobre su persona. Absurdo, sin duda, pero así funciona hoy todo. Por otro lado, el robo ayer era cuando siendo una concepción obvia el hecho de que los recursos de la naturaleza pertenecen a todos los seres de la naturaleza y a la naturaleza misma, algún inteligente ser humano decidía declarar ciertas cosas como suyas y las convertía en propiedad privada. Evidentemente, los demás seres humanos y los animales que necesitaban esos recursos para vivir, se sentían en pleno derecho de abastecerse de aquellos recursos, que absurdamente, aquel ser humano había declarado como de su propiedad. Pero es todo un poco más complejo que lo explicado, puesto que lo que algunos individuos comenzaron a declarar como suyo fueron pedazos de terreno en los que luego, trabajando a diario, crecían determinados alimentos, creaban lo que se conoce como huertos. Los seres humanos aún nómadas, no comprendían ese estilo de vida y al igual que recolectaban de los árboles del bosque, ciertas frutas para su alimentación, recolectaban también productos de los huertos que otros seres humanos habían creado en porciones de terreno pertenecientes a todos los seres que habitan el planeta tierra. Fue entonces cuando el concepto de robo se tergiversó y se convirtió en el robo de algo robado anteriormente, es decir, el robo de un robo.  Por desgracia, hoy eso es mucho peor, ya que el robo es el robo de un robo de otro robo y así sucesivamente mientras que se sigan concibiendo los materiales inherentes a la naturaleza como propiedades privadas de los individuos humanos.
Como era de esperar, otros muchos seres humanos decidieron imitar a quienes habían comenzado a cultivar la tierra, a pesar de los continuos “robos” de los que preferían seguir siendo nómadas. Así pues, poco a poco, la mayoría de la humanidad se volvió sedentaria. Pero no es tan sencillo. La humanidad se hizo sedentaria por obligación, ya que quienes se dedicaban a la agricultura dieron paso al agotamiento de recursos naturales del planeta por la ocupación sistemática de los lugares donde estos se encontraban, así que a los nómadas no les quedó otra opción que “robar” en los huertos para sobrevivir. Por este motivo, los agricultores tomaron la decisión de defenderse de “los robos”, lo que realmente quiere decir que se dispusieron a realizar un robo con fuerza e intimidación de un terreno perteneciente a la naturaleza y a todos sus habitantes. Para ello, imagino que empezarían contratando mercenarios a cambio de alimento y sabemos que terminaron creando grandes ciudades amuralladas con el fin de que las tribus nómadas no pudiesen acceder a “sus” terrenos. Los grandes conflictos estaban a punto de estallar.
A la par que todo eso sucedía, apareció también el comercio entre los seres humanos sedentarios, ya que a veces había quienes conseguían unos determinados productos y otros les era imposible conseguirlos y decidían realizar un intercambio de productos con otros seres humanos que tuvieran acceso a la producción de esos bienes. Supongo que el grupo de humanos sedentarios que mayor capacidad de autoabastecimiento y de habilidad en los intercambios tuviese, sería aquel grupo humano que antes llegaría a crear una gran ciudad (lo que en realidad hoy sería un pueblo o aldea). Puedo imaginar que la defensa teórica de que la tierra que cultivaban les pertenecía, vendría precisamente de que cultivaban esa tierra, la trabajaban y, por tanto, se sentirían dueños de los productos y, aunque esto suene relativamente lógico, también es muy lógica la postura de las tribus nómadas, que nunca llegarían a comprender el sentido de la propiedad, ya que,  posicionándome a favor de estas antiguas tribus, creo que carece de sentido.
Independientemente de quien tuviera razón, el caso es que las tribus nómadas acabaron desapareciendo casi por completo, pues en las nuevas ciudades aparecieron fuerzas que superaban en mucho la capacidad de las tribus (aunque sé que en la historia ha habido tribus nómadas que han llegado a destruir ciudades enteras, pero al fin al cabo, esas tribus perecieron en el tiempo). En las ciudades (pueblos grandes) apareció el dinero, apareció el poder con una forma más aterradora que nunca. Con el dinero surgió la acumulación “irreal” de los recursos existentes y la atribución a los elementos del planeta de un valor en monedas, un valor artificial, numérico, a algo que quizás solo tuviera el valor natural de que es capaz de llenar un estómago cuando éste se encuentra vacío y hambriento.
Con la aparición del dinero, comenzó el proceso de ponerle un precio a todo lo que existe y, por tanto, de exigir dinero por cualquier cosa. Así pues, los más ricos empezarían a ser aquellos que habían sido más hábiles y rápidos robando, y digo robando por que defiendo el concepto de robo que expliqué anteriormente como el concepto de robo del pasado, ese en el que la persona interesada declara como propiedad privada lo que es de todos los seres del planeta y de la naturaleza. Aquel que más elementos del mundo había llegado a amasar y declarar como su propiedad privada, teniendo también los elementos con más valor en monedas (según el criterio de los seres humanos), sería ahora la persona más rica de la ciudad y seguramente, la más poderosa.
En algunas pequeñas ciudades (lo que hoy son las aldeas y los pueblos) que no “prosperaron tanto” y que la producción solo ofrecía un mantenimiento constante de la riqueza (de la economía), las personas vivían bien, pero siempre del mismo modo, su riqueza no aumentaba ni disminuía, así que algunas personas deseosas de aumentar su riqueza, emigraban a las grandes ciudades, donde con mucha suerte conseguían enriquecerse o, como suele y solía ocurrir, sólo contribuían a hacer más ricos a los ricos mientras que ellos se empobrecían alcanzando un nivel de vida mucho más bajo que el que tenían en sus pequeñas ciudades/pueblos. El dinero, símbolo de la riqueza, es en realidad el símbolo de la pobreza, contribuye más a generar poblaciones empobrecidas que a crear riqueza, por eso en el mundo hay siempre muchos más pobres y su número siempre va en aumento, mientras que hay muy poco ricos y su número siempre disminuye.
Como muchas personas creen que donde hay más dinero es donde encontrarán riqueza, se lanzan inconscientes hacia esos lugares. De este modo, se explica como es posible que las grandes ciudades sufran siempre aglomeraciones humanas cuando hay lugares habitables en el mundo que están completamente vacíos o con escasas personas. No solo el dinero explica estas migraciones, hay muchos motivos, pero los demás factores que las explican están muy relacionados con el dinero o son consecuencia directa de éste.
Dando un gran salto histórico, llegamos a la aparición del capitalismo y, de esta manera, puedo ya sumergirme un poco más en la reflexión personal que quiero llevar a cabo y darle sentido al porqué de todo lo relatado anteriormente. El capitalismo es el creador de las grandes empresas, el generador de individuos emprendedores o lo que es lo mismo, individuos con buenas o malas intenciones primordiales que van en busca de grandes sumas de dinero a cambio del ofrecimiento de productos en los que son expertos para su fabricación y distribución. Muchos de estos emprendedores son absolutos fanáticos del dinero y de la sensación de poder, quizás no en sus comienzos, pero el mismo dinero y poder que van consiguiendo  les cambia de tal modo la personalidad, que llega un momento en que no sienten ningún pudor en cometer verdaderos actos de crueldad y destrucción natural con el fin de conseguir más riqueza y autoridad.
Estas empresas o los bancos y los Estados, que actúan exactamente igual que las empresas, puesto que el hecho de que todo se rija por dinero exige que así sea, cuando necesitan recursos que se han acabado en las zonas donde los conseguían, acuden a otro lugar y no suele importarles el hecho de la destrucción de ecosistemas ni de pueblos.
Así, mi reflexión es la siguiente: en los países más atormentados por el capitalismo (los llamados subdesarrollados), las personas ya no se marchan de sus pequeños pueblos porque estén persiguiendo riqueza en las ciudades, pues saben que la ciudad es el infierno, pero la explotación sistemática de los recursos en las aldeas por parte del capitalismo ha provocado tal empobrecimiento de sus habitantes y ha degradado tanto la calidad de vida, que esas aldeas se han convertido para ellos en un infierno mucho peor que las ciudades, y ahí está la explicación de que se produzcan aglomeraciones inhumanas en muchas ciudades del mundo, donde cada día millones de familias pretenden salir adelante sin nada, pues todo les fue robado desde el principio de los tiempos. Los más ricos fueron las tribus nómadas, pero les robaron todos los entornos donde podían desenvolverse y desaparecieron. Posteriormente los más ricos fueron quienes decidieron quedarse en su pueblo o aldea sin perseguir la “riqueza” ni la pobreza, manteniendo día a día la producción de sus propios recursos. Ahora, estos pueblos y aldeas empobrecen, las grandes ciudades se los comen. A día de hoy, la “riqueza” sigue generándose a través del robo. Las personas que viven hoy aglomeradas y hacinadas en las periferias de las grandes ciudades de los llamados países pobres, fueron personas ricas porque tenían cubiertas sus necesidades, son quienes huyeron de sus propias aldeas porque las convirtieron en un infierno. Lo tenían todo y se lo arrebataron y están en total derecho de actuar como actuaban en la antigüedad aquellas tribus nómadas. No robando, sino recuperando lo que es de la naturaleza y por tanto suyo y de todos los seres del mundo. La pobreza urbana, debida a la enorme masa de población existente, es fruto directo del capitalismo.

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Los días en Perú (texto 4)


Escritos del Domingo 30 de Septiembre de 2012 (Aunque el blog indique otra fecha)
Demencias tardías

No quiero olvidarme de nada. Los recuerdos que recuerdo me llenan el corazón y ahora late perdidamente vivo. Siento que necesito hacerme caso y seguir al pie de la letra cuanto me dictan los deseos, ellos son como una larga melena ondeante en el viento y a veces relajada sobre unos dulces hombros desnudos, son también la mirada perdida de los ojos más tiernos del mundo. Me veo en el cielo recostado en un sillón. Aquí huele a todas las flores del mundo y no nos falta nada para sonreír cada mañana, cada tarde y cada noche. No me cuesta levantarme de la cama y caminar por las calles abiertas y los túneles que forma la hojarasca de los bosques. Algo me invita a mirar con buenos ojos y con anchas sonrisas las caras ajenas y saludar y alegrarme de que todos estamos juntos y ante cualquier cosa sentimos el cariño y la libertad de existir. Me siento feliz y vivo porque se ha añadido un nuevo elixir al aire que respiro y me ha llegado profundamente al alma en la primera de las bocanadas. Hoy es un día de una sensación extraordinaria, uno de esos días que me invitan a ser yo y a amarlo todo y desearía que no se acabase jamás. Ojalá fuese cierto. Ojalá llegue ya el momento de saber la verdad si es que alguna verdad nos está esperando. Veo mi guitarra en mi mente siempre apoyada en la concavidad de mi cráneo apunto de resbalarse y de caer de lleno en el mejunje inadvertido de mi cerebro, la veo ahí con sus seis cuerdas gritando "¡a qué esperas!" y yo entonces miro al suelo y me pongo a rebuscar entre la ropa sucia a ver si ahí encuentro las ganas y la fuerza de agarrar la música y sacarla a la calle con una enorme sonrisa, pero siempre me vence la nada, la inexistencia me arrastra a su inexplicable "no ser" y aquí me sumerjo horas, días, semanas e incluso meses. Me duelen ya las ganas de ser libre de tanto engancharse a mi pecho y por eso camino encorvado, porque la libertad pesa mucho, pesa tanto que es una cadena más en contra de ella misma. Hoy sé lo que quiero y mañana no y aún sabiéndolo ¿qué puede hacer quien de hacer algo arruina su afán con pensamientos tediosos? y deja sin recoger toda la habitación de los sueños con todos ellos por ahí tirados sin rumbo fijo hasta que algún encargado de la limpieza los arrastra con su escoba hasta el cubo del olvido y hago como que no les veo caer, hago como que no escucho sus gemidos, pero por un momento me doy la vuelta y veo sus rostros llorar al igual que mis ojos desprenden lágrimas de incomprensión.Y así constantemente, de tripas corazón, de tripas corazón, de tripas corazón ¡y explotan al fin las tripas y el corazón si hace falta! Tengo que trabajar duro, tengo que despertar y nacer, tengo un camino que no va a caminarse solo. ¡Oh! maldita sea la inercia, maldita la monotonía, maldito el vacío interior y la insignificancia, la sinrazón, el pensar demasiado o el pensar demasiado poco, maldito yo, malditos todos. Tengo ya mi fantasma en la garganta ahogándome de nuevo y desgarrando su consciencia, pinchando todas mis neuronas con agudos alfileres. ¡Levanta! ¡Levanta! Ahí está la vida, ahí está el amor, ahí, al final de ese túnel, al final de una realidad que se ha forjado en nosotros sin nuestro consentimiento.


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Los días en Perú (texto 3)

Escritos del Jueves 27 de Septiembre de 2012 (Aunque el blog indique otra fecha)
Sentimientos desde Lima por el 25 de Septiembre en Madrid

Desde muy lejos del lugar donde nací, tengo que observar y casi oler la sangre, oír los huesos y los gritos quebrarse. Desde tan lejos se descubre el espíritu de la justicia encerrado en una impotencia que graba, para la eterna historia, su agonía en las calles de Madrid. Y me siento herido por no armar al fin mi cuerpo y lanzarme embravecido junto aquellos que hoy sufren en las tierras de toda mi vida, pero el dolor que siento es el mismo que he sentido desde España cuando hubo quienes lucharon en este lugar que ahora ocupo y en el que no pude tampoco ladrar a su hora y en su día. Y es que el mundo es una herida abierta constante a la que introducen ardientes incoherencias humanas. El mundo es una triste bola de miseria humanoide, un gigantesco excremento de rancias discordias. Sé que esté donde esté habrá siempre injusticia, siempre dolor, siempre adinerados y paupérrimos, siempre policías frente a las mujeres y los hombres libres de la tierra.
Sólo me cabe un enorme desprecio hacia todas las autoridades, hacia todos los Estados del mundo y las naciones. Desprecio enormemente las fronteras. Desprecio todas las banderas, absolutamente todas. Desprecio los ejércitos y las fuerzas del orden. No son el pueblo esos símbolos inverosímiles. No acierto a encontrar ningún camino libre para el género humano que esté vacilando entre enormes edificios políticos (parlamento, congreso, etc.) donde unos pocos tiburones toman las grandes decisiones que abarcan el destino de millones de personas. Ese camino tampoco pasa por las enormes iglesias y templos donde algunos payasos prehistóricos rigen la vida espiritual de otros tantos millones de individuos alejados de su realidad diaria y personal. No puede pasar ese camino entre monedas y billetes que han hundido por completo el sentido de llevar un corazón en el pecho. El camino lo veo allá lejos en el horizonte de un caos antecesor, en un Madrid inquieto hoy que está planeando saltar barreras impenetrables y en un mundo cambiante que está añadiendo a su día a día una porción más de ácido para quemar prejuicios y estúpidas inercias monótonas que nos han mantenido a oscuras bajo la gran bota asfixiante de los imperios durante siglos de podredumbre.
No. Aseguro que no tiene sentido ver a un conjunto de humanos disfrazados y perturbados atacando a miles de otros seres humanos que por haberles sido arrebatada su dignidad, luchan desesperadamente por recuperarla. ¿En qué cabeza caben todas estas conductas absurdas, toda esta forma de “organizarse”? en la cabeza antropomórfica de este triste tiempo. Es un monstruo, un gigante con cara de culo que lanza heces contra sí mismo y contra todo cuanto hay a su alrededor, y los que no queremos comernos su sabrosa mierda nos la comemos también. Ese monstruo está ya completamente contaminado, tan rebozado en sus propios excrementos que tiene toda la sucia piel escamosa infectada y no le quedan ya más arenas en el reloj para esperar la muerte.
Desde Lima compañeros, para todos los que intentan que tropiece la gran bestia excrementicia y en especial para aquellos que el día 25 de Septiembre de 2012 en Madrid la soportaron y la combatieron. Doy todo mi apoyo con el fin de que caiga pronto, doy mi espada entre palabras con el fin de que nos cuajen en el alma junto a todos los estímulos potentes que también alimentamos en las entrañas. No hay que dejar jamás caer las fuerzas en la arena de Barcino.


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