lunes, 29 de octubre de 2012

Los días en Perú (texto 4)

Escritos del Domingo 30 de Septiembre de 2012 (Aunque el blog indique otra fecha)
Demencias tardías

No quiero olvidarme de nada. Los recuerdos que recuerdo me llenan el corazón y ahora late perdidamente vivo. Siento que necesito hacerme caso y seguir al pie de la letra cuanto me dictan los deseos, ellos son como una larga melena ondeante en el viento y a veces relajada sobre unos dulces hombros desnudos, son también la mirada perdida de los ojos más tiernos del mundo. Me veo en el cielo recostado en un sillón. Aquí huele a todas las flores del mundo y no nos falta nada para sonreír cada mañana, cada tarde y cada noche. No me cuesta levantarme de la cama y caminar por las calles abiertas y los túneles que forma la hojarasca de los bosques. Algo me invita a mirar con buenos ojos y con anchas sonrisas las caras ajenas y saludar y alegrarme de que todos estamos juntos y ante cualquier cosa sentimos el cariño y la libertad de existir. Me siento feliz y vivo porque se ha añadido un nuevo elixir al aire que respiro y me ha llegado profundamente al alma en la primera de las bocanadas. Hoy es un día de una sensación extraordinaria, uno de esos días que me invitan a ser yo y a amarlo todo y desearía que no se acabase jamás. Ojalá fuese cierto. Ojalá llegue ya el momento de saber la verdad si es que alguna verdad nos está esperando. Veo mi guitarra en mi mente siempre apoyada en la concavidad de mi cráneo apunto de resbalarse y de caer de lleno en el mejunje inadvertido de mi cerebro, la veo ahí con sus seis cuerdas gritando "¡a qué esperas!" y yo entonces miro al suelo y me pongo a rebuscar entre la ropa sucia a ver si ahí encuentro las ganas y la fuerza de agarrar la música y sacarla a la calle con una enorme sonrisa, pero siempre me vence la nada, la inexistencia me arrastra a su inexplicable "no ser" y aquí me sumerjo horas, días, semanas e incluso meses. Me duelen ya las ganas de ser libre de tanto engancharse a mi pecho y por eso camino encorvado, porque la libertad pesa mucho, pesa tanto que es una cadena más en contra de ella misma. Hoy sé lo que quiero y mañana no y aún sabiéndolo ¿qué puede hacer quien de hacer algo arruina su afán con pensamientos tediosos? y deja sin recoger toda la habitación de los sueños con todos ellos por ahí tirados sin rumbo fijo hasta que algún encargado de la limpieza los arrastra con su escoba hasta el cubo del olvido y hago como que no les veo caer, hago como que no escucho sus gemidos, pero por un momento me doy la vuelta y veo sus rostros llorar al igual que mis ojos desprenden lágrimas de incomprensión.Y así constantemente, de tripas corazón, de tripas corazón, de tripas corazón ¡y explotan al fin las tripas y el corazón si hace falta! Tengo que trabajar duro, tengo que despertar y nacer, tengo un camino que no va a caminarse solo. ¡Oh! maldita sea la inercia, maldita la monotonía, maldito el vacío interior y la insignificancia, la sinrazón, el pensar demasiado o el pensar demasiado poco, maldito yo, malditos todos. Tengo ya mi fantasma en la garganta ahogándome de nuevo y desgarrando su consciencia, pinchando todas mis neuronas con agudos alfileres. ¡Levanta! ¡Levanta! Ahí está la vida, ahí está el amor, ahí, al final de ese túnel, al final de una realidad que se ha forjado en nosotros sin nuestro consentimiento.

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