miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los días en Perú (texto 1)

Escritos del Miércoles 5 de Septiembre de 2012
Llegada a Lima. El mar y el parque Kennedy

El 20 de Agosto supuse que las nubes y el viento me habían transportado a Lima y al caer sobre el cemento miré al cielo ennegrecido de esta ciudad, donde los automóviles se habían hecho dueños del tiempo y del espacio. Caminé buscando el lugar donde había de guarecerme y mientras tanto en mi garganta se formaba una flema con sabor a gasolina que pocas veces antes había experimentado. Comprendí que aquí, como en la mayoría de los lugares habitados por el ser humano en nuestro planeta, había ganado la guerra la tecnología al homo sapiens, una guerra extraña en la que uno de los bandos fabricó a su enemigo cuando aún era una verdadera ayuda. Hoy, esa ayuda, es una gran molestia para la mayoría, para los que estamos obligados a soportar las vastas sombras de los edificios, el sabor del petróleo, la dureza de las aceras, el dolor de los perros aplastados en las carreteras. 
Intenté evadirme poco a poco de este panorama lúgubre y caótico, y cuando hube descansado agarré mis cosas y decidí buscar el mar, pues en el mar encontraría algo de paz y tranquilidad. Desde el lugar donde vivo, caminando es una hora hasta el mar, lo cual para mí es un privilegio, pues desde Madrid, para encontrar la costa más cercana tengo que caminar al menos quince días. Y fue una hora muy agradable, los automóviles seguían zumbando y amenazando la vida de los paseantes, pero ahora contaba con la luz del día que había tornado las cosas a un ambiente más ameno. Encontré un trozo de hierba en medio de la gran ciudad donde la gente descansaba, leía, charlaba, recitaba poesía, comía, cantaba, hacía negocios,etc. Y donde, y esto es lo más importante, cada pocos pasos te encontrabas con un gato perezoso que no guardaba ningún miedo a los humanos y se acercaba a ti buscando tu atención y tus caricias. Esto me fascinó, pues en Madrid, es inimaginable que exista un parque lleno de gatos que den plena confianza a los viandantes, no tardarían en llegar adolescentes perturbados a darles patadas y hacerles torturas o borrachos vacíos que quieran apaciguar su incomprensión haciendo daño a animales indefensos. Así pues, pasee un rato por aquel lugar y pensé en como todos aquellos gatos, aún pareciendo libres, no podían serlo, ya que de salir de aquel trozo de cesped serían atropellados enseguida por cualquier automóvil, pero quizás, dentro de la conciencia de los gatos no entre esa evidencia y, por tanto, puede que se sientan libres, felices y cómodos en aquel lugar encerrados, pero eso es algo que sólo podría comoprobar convirtiéndome en gato, lo cual actualmente es imposible (y espero que lo siga siendo por siempre, no sea que lea esto algún friki de la magia-ciencia).
Desde aquel lugar, el mar quedaba a diez minutos. Encontré otro pedazo de hierba donde muchas parejas se abrazaban y se besaban y parecían haber llegado hasta allá por el mismo motivo que yo, escapar del ajetreo de la ciudad, concentrarse en la sensación de libertad que ofrece el horizonte al final de las olas y disfrutar de un momento de paz en sus vidas. Desde este lugar, se veía el gran océano pacífico, siempre amenazante aunque esté tranquilo, pues muchos saben lo que se esconde bajo sus aguas, esa inmensa falla que recoge actividad cuando le viene en gana y ataca a la tierra como un gigante que pretende tragarse la existencia.
Me senté y repasé un poema que escribí en la costa de Alicante,en España, una costa que no tiene nada que ver con la de Lima, una costa mediterránea, pero al fin y al cabo, el mar es el mar y los sentimientos que aporta son similares en cualquier costa. El poema decía tal que así:

Es en el mar
donde las olas brotan
como al viento se le antoja
que tu figura exige al alma
que mi sangre corra
mientras miro tus células tostadas.

Se ha derretido el sol
bajo la lluvia
y el techo gris de la tarde
ha vuelto verde nuestra orilla,
pero el tosco azul oscuro
del horizonte marino
no concuerda con el brillo blanquecino
del crepúsculo grisáceo.

Igual le ocurre al corazón
bajo el sollozo,
se derrite y ve la orilla de los sueños
tan negra como el techo de la vida,
pero el tosco afán
de una luz en el camino
no concuerda con el gris espeluznante
de una muerte en vida como sino.

Creo que a la edad de mis recuerdos
fue manzana del edén prohibida
la imaginación que de tanto he exigido.
y castigado de tal fruto he sido ahora
por un dios
que no sé de que razones se ha forjado
ni de cómo da a sus actos el sentido.

No contento con repasar los escritos del pasado, agarré el bolígrafo que guardaba en mi chaqueta y comencé a hacer el esfuerzo de escribir lo primero que me viniese a la cabeza, aunque fuese un par de líneas absurdas y así pues escribí:

"No quiero ver la danza del vientre, sino danzar en el vientre de la danza"

Después de esto, un perro comenzó a chupar mi bolígrafo y tuve que guardar el cuaderno para que no lo empapase también con sus babas. La mujer que iba con el perro me sonrío dándome a entender dos cosas; su sonrisa era un gesto de disculpa por la perturbación que me podía haber supuesto la lengua pringosa de su perro y era también una sonrisa que indicaba que no era necesario pedirme disculpas, puesto que las molestias causadas venían de un animal y no de un humano y ya entendemos todos que los animales no son como nosotros y, por tanto, debemos darles una comprensión más amplia, o al menos así lo pienso yo. Así es que no acepté sus disculpas, puesto que no tenía de que disculparse. Acaricié unos segundo al perro y devolví la sonrisa a la mujer que lo paseaba.
Seguidamente, me levanté de donde me encontraba y emprendí el camino de vuelta a casa, no sin antes despedirme de la mar.

Los siguientes días decidí (junto con otras muchas personas que por la forma y el estilo de mi relato no incluiré aquí) viajar al desierto de Nazca, donde se hayan unas extrañas líneas que mucha gente habrá oído hablar de ellas, siempre aparecen en las conversaciones relacionadas con los extraterrestres, las conspiraciones, los misterios etc. No es tan impresionante ver las líneas como conocer el misterio de éstas, pues son líneas que tienen miles de años y que pertenecen a dos culturas diferentes y extrañamente conforman dibujos de cosas imposibles en la época en que fueron creadas, como por ejemplo, un astronauta, pero se ha de decir que la imagen no es clara, es difícil manifestar que se trata verdaderamente de un astronauta, podría ser cualquier cosa. También aparece un simio y muchas otras imágenes gigantescas concebidas para que alguien puediese verlas desde el cielo. Pero quien sabe, se dice también que se hicieron para invocar la lluvia, lo cual suena más lógico que pensar que se hicieron para que los extraterrestres viesen un lugar en el que aterrizar. A pesar de todo, es un lugar para contemplar, pensar y sacar conclusiones subjetivas.
Posteriormente visité Ica, Pisco, Huacachina (Un oasis natural en el desierto alimentado hoy día con un tanque de agua), y la reserva natural de Paracas. Muchos de los lugares son realmente mágicos, me transportaron lejos de los ruidos, de la contaminación y la locura de la gran ciudad.
Actualmente estoy en Lima, perdiéndome, riéndome, preocupándome y descubriendo un mundo nuevo y todo esto que he escrito es porque quiero compartir mi aventura con todos aquellos que lo deseen. Seguiré relatando mis días en Perú tanto en cuanto el tiempo me lo permita...

2 comentarios:

  1. Hombre, recién veo que estuviste por mi ciudad, espero que hayas aprendido mucho y haya sido fructífera tu visita. No sabes cuanto me hubiera gustado escucharte tocar guitarra o recitar unos versos en Miraflores en ese espacio verde cerca al mar.
    Un abraso compañero.

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